Sinergia: elemento central de la Agroecología

Pablo Tittonell

(texto extraído de la serie de charlas: ‘Agroecología una cuestión de Principios’, INTA Bordenave, Argentina)

Desde un punto de vista sistémico las sinergias representan relaciones ‘más que aditivas’ entre dos o más factores. En otras palabras, uno mas uno es más que dos, dos mas uno es más que tres, y así sucesivamente. Las sinergias pueden ser asimiladas en algunos casos a lo que en estadística llamamos interacciones positivas, pero no siempre es el caso, ya que no toda interacción positiva representa una sinergia. Pero en lugar de hablar de cómo medir sinergias (ver p.ej. Tittonell., 2013), quisiera destacar aquí tres aspectos.

En primer lugar, que dentro de los 10 elementos que definen a la agroecología las sinergias ocupan un lugar diferente a los demás elementos (de hecho, toman un lugar central en las gráficas) ya que pueden ser expresadas en función de los otros nueve elementos; así, es posible observar sinergias entre la eficiencia y la diversidad, por ejemplo, o entre la gobernanza y los valores humanos y sociales, o entre la economía solidaria y el reciclaje. Las sinergias, en tal sentido, aparecen como un meta-elemento, capaz de integrar a los otros nueve (Figura 1).

Figura 1: Relación entre los 10 elementos que definen a la Agroecología (FAO, 2018)

En segundo lugar, que existen, en mi opinión, dos formas de definir a las sinergias: de manera objetiva o subjetiva. Las sinergias objetivas son aquellas que existen en el medio natural independientemente de que las observemos o no, de que las utilicemos o no, de que las propiciemos con nuestro manejo o no. El mutualismo, la simbiosis, son ejemplos de sinergias en la naturaleza que existen desde que existe la vida en la tierra y que pueden ser caracterizadas, medidas y hasta manejadas en función de nuestros objetivos de producción. Las sinergias subjetivas en cambio son aquellas que surgen de una construcción intelectual humana, de una valoración de los procesos que tienen lugar en el socio-ecosistema en función de nuestros objetivos. Por ejemplo, la introducción de cultivos de cobertura que permitan capturar el exceso de nutrientes en el invierno, generar biomasa que aporte carbono al suelo, crear condiciones para el refugio y la alimentación de organismos benéficos, reducir la erosión hídrica o eólica protegiendo al suelo, usar el exceso de agua del suelo para evitar inundaciones en zonas húmedas, competir con las malezas y en el caso de leguminosas fijar N atmosférico, etc. Todos estos son procesos ‘utilitarios’, que responden a nuestros objetivos productivos, que permiten reducir costos de producción a la vez de reducir el impacto ambiental de la agricultura, es decir, una situación claramente sinérgica. Sin embargo, en ausencia de una valoración humana, antropocéntrica, tales relaciones carecerían de sentido .

Sinergias y Compromisos

En tercer lugar, es prácticamente imposible definir o incluso medir sinergias sin considerar al mismo tiempo su resultado antagónico: los compromisos, contraprestaciones o tensiones entre objetivos, conocidos como trade-offs en la literatura internacional. De hecho, las mismas herramientas que se pueden utilizar para medir sinergias se utilizan – y fueron desarrolladas – para evaluar compromisos entre objetivos. Esto se ilustra en la Figura 2a, que representa a dos objetivos encontrados, por ejemplo, la producción ganadera y la conservación de la vegetación nativa en un ecosistema de bosque. El objetivo A podría estar medido en términos de producción de carne por hectárea año, y el objetivo B en términos de la densidad de renovales de especies leñosas de interés. Si la relación entre ambos objetivos es substitutiva, ellos son prácticamente mutuamente excluyentes. Si la relación es complementaria, existiría un rango de productividad (hasta A1) en el que la pérdida de renovales no es tan elevada (B1’’), mas allá del cual la misma se agrava aceleradamente.

Figura 2. Ejemplos de sinergias y compromisos. (a) Los objetivos A y B son opuestos, pero su relación inversa puede ser sustitutiva o complementaria. De acuerdo a esto, para un mismo nivel de satisfacción del objetivo A (A1) el nivel de satisfacción del objetivo B puede ser B1’, B1, o B1’’ (de sustitución a complementariedad). Una sinergia representa un nivel aun mayor del objetivo A (A2) manteniendo el alto nivel de satisfacción de B (B1’’) o incluso mayor en ciertos casos. Adaptado de Tittonell (2013) (b) Un ejemplo proveniente del proyecto EULACIAS en sistemas hortícolas-ganaderos en Uruguay, donde en dos estudios de caso (Farm 1 y Farm 2) se observo a lo largo del proyecto una reducción de la erosión del suelo y un aumento de los ingresos familiares (de inicial a actual), y donde se calculo mediante modelos que estos aumentos podrían continuar sin comprometer el recurso suelo (de actual a potencial). Adaptado de Dogliotti et al., 2014.

Una sinergia podría ser por ejemplo, encontrar una forma de manejo del ganado que permita aumentar la producción, ya sea mediante aumento de la carga animal o de la productividad por animal, o ambas, a la vez de mantener la densidad de renovales forestales por encima del umbral B1”. Si esto fuera posible, se estaría transitando desde un compromiso a una sinergia, desde un ciclo vicioso a uno virtuoso. Tal es el caso de lo ocurrido durante un proyecto de co-innovación en horticultura en Uruguay (Figura 2b), donde fue posible disminuir la erosión del suelo y aumentar los ingresos familiares al mismo tiempo (cuando en general se asumía que la pérdida de suelos era un ‘costo necesario’ de la horticultura qua había que asumir).

Diferentes miradas

Finalmente, y de lleno en las sinergias subjetivas, es importante considerar la diversidad de actores interesados en tales relaciones. Por ejemplo, promover medidas de manejo que aumenten la necesidad de mano de obra en la explotación puede ser visto como un compromiso para el productor, que prefiere o necesita bajar costos, pero puede ser visto como una oportunidad para generar empleos rurales para un decisor político. Es decir que la misma relación puede ser vista como compromiso o sinergia por diferentes actores.

Referencias
Tittonell, P., 2013. Towards ecologically intensive smallholder farming systems. Design, scales and tradeoffs evaluation. In: Vanlauwe et al. (eds.) Agro-ecological Intensification of Agricultural Systems in the African Highlands, Earthscan, Rutledge, Oxon, p. 132-144.
Dogliotti, S., García, M.C., Peluffo, S., Dieste, J.P., Pedemonte, A.J., Bacigalupe, G.F., Scarlato, M., Alliaume, F., Alvarez, J., Chiappe, M., Rossing, W.A.H., 2014. Co-innovation of family farm systems: A systems approach to sustainable agriculture. Agricultural Systems 126.

Encuesta sobre la respuesta de la agroecología y la agricultura familiar frente a la pandemia de COVID19

Los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología reaccionaron rápidamente para aliviar las amenazas al sistema agroalimentario asociadas con la pandemia de COVID19. ¿Cuántos fueron, donde tuvieron lugar, a cuántas familias productoras o consumidoras, urbanas or rurales, beneficiaron estas iniciativas?

Son éstas las preguntas que nos proponemos poder responser y para ello, el Giaasp junto con una red amplia de colaboradores de América Latina, está lanzando una encuesta online para documentar y sistematizar la información sobre las iniciativas que surgieron desde los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología en respuesta a la pandemia de COVID19 y sus múltiples impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional. En este link podrán acceder a la encuesta online y completarla:

Link a la encuesta online

Por favor no dudar en difundirla entre sus colegas, colaboradores y redes que sean de su conocimiento, y que contribuyan o hayan contribuido a generar respuestas formales o informales.

Muchas gracias!

más información: fernandez.manuela@inta.gob.ar

 

Será la COVID19 el puntapié necesario para repensar nuestro sistema agroalimentario?

Pablo Tittonell

(texto en preparación para el Informe Planeta Vivo 2020, WWF)

Nuestro sistema alimentario actual enfrenta muchos desafíos para mantenernos alimentados durante la pandemias de COVID-19. Al restringir la movilidad, el comercio internacional y el transporte, la crisis de la COVID-19 socava gravemente uno de los pilares clave de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos. Dependiendo de cuánto durará esta crisis y las restricciones asociadas a la movilidad de bienes y personas, otros componentes de la seguridad alimentaria, a saber, la disponibilidad, la estabilidad y la utilización de los alimentos también se verán gravemente afectados. Las pandemias de COVID19 revelaron, o más bien destacaron, la debilidad de nuestro sistema alimentario industrializado y globalizado, dominado por unas pocas corporaciones multinacionales, caracterizado por monocultivos uniformes y ganadería industrializada, y altamente dependientes de recursos no renovables para la producción, transformación y distribución de alimentos. La mayoría de las ciudades y países enteros importan grandes cantidades de alimentos y dependen estrictamente del transporte y la movilidad internacional de los alimentos.

La agroecología ofrece oportunidades para integrar verdaderamente la naturaleza y la agricultura de una manera funcional y mutuamente beneficiosa, sinérgica, en paisajes multifuncionales y resilientes para la naturaleza y las personas (Informe Planeta Vivo, 2018). Al mismo tiempo, la agroecología ofrece también conocimiento y experiencia para diseñar sistemas alimentarios más robustos y resistentes frente a COVID19 y otras posibles crisis futuras (Altieri y Nicholls, 2020). Ya que junto a producir una diversidad de alimentos nutritivos y rendimientos razonables, la agroecología:

– promueve la restauración del paisaje dentro y alrededor de los sistemas agrícolas creando barreras ecológicas que pueden contribuir a contener patógenos;

– promueve sistemas ganaderos alternativos que dependen de operaciones al aire libre que brindan servicios esenciales del ecosistema y aseguran la salud y el bienestar de los animales, fortaleciendo su sistema inmunológico y reduciendo así la necesidad de antibióticos;

– restablece la capacidad productiva y la autosuficiencia de los pequeños agricultores familiares, ofreciendo medios de vida rurales más atractivos que evitan la migración a las ciudades;

– contribuye a la soberanía alimentaria de la población rural y urbana a través de cadenas de valor más cortas y seguras (hoy en día el 50% de los alimentos consumidos, producidos en el 20% de la superficie agrícola);

– proporciona conocimiento y experiencia para el diseño de sistemas de producción urbanos y periurbanos, asegurando el acceso (estratégico) a alimentos frescos, saludables y de bajo kilometraje, que también pueden reforzar el sistema inmunológico de las personas.

La agroecología implica una forma diferente de hacer política, negocios, investigación científica o activismo. Hace un llamamiento a la participación inclusiva, la creación conjunta de conocimiento, sabiduría o valor agregado horizontalmente, democráticamente. El tiempo de la torre de Babel desde la cual los científicos , los agentes de desarrollo o los responsables políticos enuncian sus verdades ha terminado. El tiempo del diagnóstico recurrente de nuestra crisis alimentaria y ambiental también ha pasado.

Todos los conceptos e informes disponibles para describir nuestros problemas, crear conciencia e influir en los responsables políticos (por ejemplo, los Límites Planetarios, el Estado de Inseguridad Alimentaria, la Evaluación de la Biodiversidad del IPBES, etc.) son seguramente necesarios, pero no suficientes. Necesitamos avanzar hacia la acción, hacia un cambio transformador.

Fomentar la agroecología significa un cambio profundo en la forma en que hacemos ciencia, desarrollo, política. Requiere comprometerse con los movimientos sociales que son el vehículo para el cambio transformador. Los científicos preocupados, incluido yo mismo, tenemos que entender que el impacto real no se mide por el número de citas bibliográficas, índices o factores de impacto. El impacto se mide por la capacidad de nuestras palabras y acciones para provocar el cambio.

Hasta ahora, la agroecología se ha expandido lenta pero firmemente y sin mucho apoyo de políticas, gobiernos, corporaciones, organizaciones internacionales, donantes o la academia. La agroecología crece de abajo hacia arriba. Aunemos fuerzas, aportemos, seamos parte del cambio. La actual crisis COVID19 puede ser una oportunidad para repensar nuestras estrategias.

Referencias

Altieri, M.A., Nicholls, C.I. Agroecology and the emergence of a post COVID-19 agriculture. Agric Hum Values (2020). https://doi.org/10.1007/s10460-020-10043-7

Los caminos del desarrollo sustentable

¿Qué opiniones se juegan en las discusiones sobre los caminos para un desarrollo sustentable en regiones pastoriles?

Extracto de: Easdale M.H., et al. (2020). Strains in sustanability debates: Traditional ecological knowledge and Western science through the lens of extension agents in a pastoral region. Rural Sociology 85(1): 57-84

Quienes participan en debates sobre los caminos para el desarrollo sustentable de una región coinciden en el potencial que tiene diseñar soluciones basadas en la integración del conocimiento ecológico tradicional (TEK), que poseen por ejemplo los productores, campesinos o familias rurales y los conocimientos científicos. El pastoralismo trashumante es una estrategia de vida adaptada a la variabilidad ambiental y temporal en muchas regiones montañosas y áridas de todo el mundo. Esta forma de sustento se basa en una lógica móvil, ya que las familias y sus rebaños intercalan momentos en los cuales se establecen en zonas bajas durante el invierno (denominadas invernadas), moviéndose a zonas de montaña para aprovechar los pastizales de altura durante el verano (denominadas veranadas).

Este sistema está cada vez más amenazado por los nuevos estilos de vida promovidos desde una mentalidad occidental (moderna y urbana) y por el cambio climático. El objetivo de este trabajo fue identificar y caracterizar las diferentes perspectivas o visiones de profesionales extensionistas y asesores sobre los problemas ambientales y sociales en una región pastoril y su asociación con la colaboración laboral entre ellos, enmarcados en una acción institucional. Abordamos la consulta sobre los puntos de vista con la metodología Q (ver Previte et al., 2007), y la relacionamos con problemas regionales, soluciones alternativas y vías de desarrollo futuras para el pastoreo trashumante y la gestión del paisaje en el noroeste de la Patagonia, Argentina.

Identificamos seis grupos de opinión sobre el tema: a) los Reivindicadores Culturales (o defensores de la actividad trashumante, sus conocimientos y preocupados por mejorar sus condiciones de vida y sus derechos), b) Conservadores Ambientales (o defensores del ambiente y preocupados por la degradación, ponderan las alternativas como la producción Silvopastoril), c) Mediadores (posiciones intermedias entre a y b), d) Pesimistas Apocalípticos (quienes consideran que no hay futuro para la actividad trashumante ni opciones para evitar la degradación), e) Progresistas Productivistas (promueven mejoras en la producción ganadera y en la asistencia del Estado), f) Optimistas de Mercado con Organización Social (valoran la existencia de oportunidades de mercado para productos ganaderos y promueven la organización social para aprovechar dichas oportunidades).

Figura 1: Red de colaboraciones laborales de los agentes de extensión rural en la zona

El análisis de la red de colaboración entre los agentes de extensión registró que las posturas mediadoras se ubicaron en posiciones centrales en la red de colaboraciones laborales, confirmando que tienden puentes para acercar posiciones. De todas maneras, las perspectivas más dominantes fueron las que enfatizan el conocimiento local (Reivindicadores Culturales) y el conocimiento científico (Conservadores Ambientales), aunque registraron una centralidad intermedia en la red. Si bien hubo consenso sobre la necesidad de buscar opciones de desarrollo sustentable en la región, el énfasis en la integración de conocimientos, como camino para dar respuestas a problemas en la región, todavía necesita soluciones convergentes.

Referencias

Previte, J., Pini, B. and Haslam‐McKenzie, F., 2007. Q methodology and rural research. Sociologia Ruralis47(2), pp.135-147.

Enlace para descargar el documento completo:

La dinámica de la vegetación no es lineal

Publicación reciente:

Easdale M.H., et al., 2019. Trend-cycles of vegetation dynamics as a tool for land degradation assessment and monitoring. Ecological Indicators 107, 105545.

La degradación de la tierra y la desertificación se encuentran entre los problemas ambientales más relevantes en la mayoría de las regiones áridas y semiáridas del mundo. Los sistemas de monitoreo están en el centro de la demanda para respaldar la toma de decisiones y para la evaluación del impacto de los programas de intervención, como los programas de Lucha contra la Desertificación de las Naciones Unidas. Las metodologías actuales para evaluar la degradación de la tierra están en permanente debate y los esfuerzos se orientan al desarrollo de herramientas operativas precisas dirigidas a grandes regiones, como pueden ser la Patagonia, el Monte o la Puna en Argentina. Sin embargo, todavía faltan enfoques rigurosos y sistemáticos para abordar la dinámica compleja de la productividad de los pastizales áridos y semiáridos.

La información satelital ofrece oportunidades para retornar al pasado a estudiar procesos ecológicos para los cuales no se registraron datos en tierra o fueron costosos de obtener. La degradación de la tierra generalmente se define como una disminución a largo plazo del funcionamiento del ecosistema y la pérdida de productividad causada por la interacción de las perturbaciones humanas y ambientales. Si bien es un proceso complejo, que debe involucrar la evaluación de diferentes dimensiones biofísicas, la pérdida de productividad se puede abordar analizando las tendencias de índices espectrales como el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI, por sus siglas en inglés), un buen estimador de la actividad fotosintética de la vegetación. Sin embargo, la mayoría de los estudios hasta la fecha utilizan tendencias monotónicas o lineales para evaluar la degradación de la tierra. El punto es que las tendencias a largo plazo de la productividad de la vegetación pueden exhibir dinámicas unidireccionales (monotónicas), pero también cíclicas (no monotónicas), incluyendo oscilaciones que pueden durar varios años, las cuales no pueden ser capturadas por las tendencias lineales (ver Easdale et al. 2018).

La Tendencia Cíclica es una propuesta que hemos desarrollado para el análisis de series de tiempo de la productividad, que proporciona información sobre movimientos a largo plazo mientras incluye cambios cíclicos en la dirección subyacente a la serie. Evaluamos los ciclos de tendencia del NDVI en Patagonia (Argentina) como aproximación a la dinámica de la productividad de la vegetación, integrando la tendencia y los ciclos de mediano plazo (> 4 años). Utilizamos imágenes MODIS entre los años 2000 y mediados de 2018. Los resultados muestran que los ciclos de tendencia explicaron una porción significativa de la información temporal total (que alcanzó casi el 20%), de la cual la mayoría de los patrones se explicaron por un comportamiento no monotónico (o sea cíclico). Se identificaron cinco patrones principales en la dinámica de la vegetación: Decrecimiento (0,1% del área), Incremento (0,6%), Recuperación (48,8%), Recaída (36,8%) y Sin Tendencia-Cíclica (13,8%). Contrariamente a lo que generalmente se ve en la literatura, los patrones lineales y particularmente las tendencias decrecientes se registraron marginalmente en los últimos 18 años de registros de NDVI en la Patagonia. En cambio, la mayor proporción del área se clasificó como recuperación inicial o avanzada y patrones iniciales de recaída, que se refieren a las fases de un comportamiento cíclico. Estos resultados enfatizan la necesidad de revisar la conceptualización de la evaluación de la degradación de la tierra por medio del uso de información satelital, y en particular, revisar críticamente la capacidad de las tendencias lineales para reflejar la dinámica de la vegetación. Finalmente, proponemos el uso potencial de la Tendencia Cíclica como una herramienta para monitorear evaluar la dinámica de la vegetación en programas orientados a neutralizar la degradación de la tierra.

El universo bajo nuestros pies

La importancia de conocer y preservar los organismos del suelo

Los suelos son la base de los sistemas productivos; sin embargo, pocos de estos sistemas contemplan la preservación de los organismos que contiene. Esta preservación es clave para el desarrollo de sistemas y estrategias productivas en equilibrio con el ambiente, ya que los organismos del suelo llevan a cabo procesos biológicos irremplazables que sustentan la provisión de servicios ecosistémicos.

Por: Valeria Álvarez; Andrea Cardozo; Verónica El Mujtar; Pablo Tittonell

Publicación aparecida en la revista Presencia Nro 70 (2018) – descargar pdf: Álvarez_et_al_2018-Presencia

¿Qué organismos se esconden bajo el suelo y porqué son importantes?

Los suelos son el soporte indispensable de la vida sobre el planeta Tierra, pero lejos de ser una matriz de materiales inertes, son sistemas vivos y dinámicos. El suelo es probablemente la comunidad biológica más compleja y diversa de la naturaleza, no existiendo otro sitio en que las especies estén tan densamente agrupadas. En el suelo las raíces de las plantas, los animales (por ej. lombrices, hormigas) y los microorganismos (ej. bacterias, hongos, protistas) se conectan e interactúan. Estas redes de organismos (comunidades) son clave para el funcionamiento de los ecosistemas naturales y productivos. Las comunidades del suelo (comunidades edáficas) pueden desempeñar este rol central gracias a la enorme diversidad (número y tipo) de organismos/especies que las componen, las asociaciones que forman y las actividades que cada uno desempeña (Figura 1). La importancia de los organismos del suelo se debe a su intervención activa y directa en procesos tales como el ciclado del carbono y los nutrientes (los ciclos del nitrógeno o el del fósforo, entre otros), la degradación e inmovilización de contaminantes o la propia formación del suelo. Esta gran diversidad biológica (biodiversidad) de las comunidades edáficas no contribuye únicamente a la productividad de la tierra sino a una mucho más amplia gama de beneficios que los humanos obtienen de los ecosistemas (servicios ecosistémicos) talescomo la producción de alimentos, fibras y combustibles, la mitigación de gases con efecto invernadero, el control de plagas y enfermedades o la descontaminación ambiental (Figura 1). Además, los organismos del suelo –especialmente los microorganismos– son una fuente valiosa y diversa de recursos para la biotecnología (ej. antibióticos y medicamentos).

 

Figura 1.Organismos del suelo y su contribución a los servicios ecosistémicos. A- Grupos funcionales de los organismos del suelo y procesos del suelo en los que participan. B- Servicios ecosistémicos que dependen de la integridad y la conservación de los organismos del suelo.

 

¿Cuáles son las amenazas más importantes para los organismos del suelo?

La biodiversidad del suelo –es decir el tipo de organismos, su abundancia relativa y las interacciones entre ellos y con las raíces de las plantas– es clave para el funcionamiento de los ecosistemas (Figura 2). Esta biodiversidad varía naturalmente con las condiciones ambientales abióticas (suelo, clima) y bióticas (flora, fauna). En otras palabras, la biodiversidad de los suelos de la estepa patagónica se diferencia, por ejemplo, de aquella de los suelos de los bosques andinos. Sin embargo, los organismos del suelo enfrentan distintas amenazas, siendo las más importantes aquellas asociadas a la actividad humana. Entre ellas se encuentran el cambio climático, la degradación y contaminación de los suelos, la intensificación agrícola y ganadera, el cambio de uso del suelo y las prácticas de manejo. Por ejemplo, la biodiversidad del suelo tiende a ser mayor en los bosques, en los pastizales naturales y en las tierras poco o no perturbadas, que en las pasturas o en los campos cultivados. Estos cambios dependen de las diferencias en las condiciones del suelo en cuanto a temperatura, acidez, humedad, contenido de nutrientes y calidad y cantidad de materia orgánica, por ejemplo, y del tipo de vegetación que crece sobre él. Estos factores ambientales pueden verse alterados por la dinámica natural de los ecosistemas, pero las actividades humanas tienen un efecto muy importante mayormente asociado a la intensidad de dichos cambios, que en numerosas ocasiones superan los umbrales de respuesta natural. Dichas variaciones en las comunidades de organismos del suelo pueden afectar, por ejemplo, la eficiencia de uso y reciclaje de nutrientes y la capacidad de adaptación al cambio climático. Por eso es tan importante no sólo conocer las comunidades edáficas y su funcionamiento sino también desarrollar estrategias productivas que contemplen su preservación.

Figura 2.Organismos del suelo, algunos datos clave a tener en cuenta.

¿Cómo podemos estudiar los organismos del suelo?

Al estudiar a los organismos del suelo se intenta responder a una serie de preguntas básicas: ¿quiénes son?, ¿cuántos son? y ¿qué hacen? La forma más tradicional de hacerlo es la observación –ya sea en el ecosistema natural o en un ambiente controlado (experimento)– y la descripción detallada de lo observado. En este sentido, los avances tecnológicos han permitido observar aquello que es invisible para el ojo humano. Mediante el microscopio, por ejemplo, es posible descubrir el universo de los microorganismos. Aun así, se estima que sólo conocemos entre el 1 y 2 % del total de especies de bacterias y hongos que existen en el mundo. Esto puede explicarse en parte porque muchos de los microorganismos observados al microscopio no pueden diferenciarse por su tamaño, forma, color, etc., a pesar de pertenecer a especies distintas. A la vez, la gran mayoría de ellos no pueden ser reproducidos en condiciones de laboratorio, imposibilitando otro tipo de estudios. Para superar estos problemas se han desarrollado metodologías que permiten estudiar las comunidades de microorganismos sin necesidad de cultivarlos en el laboratorio.  Estos métodos incluyen, entre otros, el análisis del material genético (ADN) que, como en una prueba de paternidad, permite definir el ¿quién es quién? y los análisis de la actividad metabólica, orientados a responder ¿qué hacen? Dado que cada una de estas metodologías brinda información diferente, en la práctica general se usan de forma conjunta para lograr un conocimiento más completo sobre las comunidades del suelo.

¿Qué estudios llevamos a cabo en el grupo en relación a la biodiversidad del suelo?

El objetivo general del Grupo Interdisciplinario de Agroecología, Ambiente y Sistemas de Producción (GIAASP, http://www.giaasp.org) en esta temática es contribuir al conocimiento de la diversidad y distribución de los organismos en los suelos patagónicos. Una de nuestras líneas de investigación se focaliza en la caracterización de la diversidad microbiana (bacterias y hongos) de los suelos naturales y productivos de la Comarca Andina del paralelo 42°. Priorizamos el grupo de los microorganismos por ser el grupo más numeroso y diverso (número de organismos o especies) y por la importancia de las funciones biológicas que desarrollan (Figura 1). Del mismo modo, seleccionamos esta región por la existencia de microclimas y la gran variedad de actividades productivas (Figura 3). En un estudio reciente (estancia de investigación posdoctoral de Bárbara Prack McCormick) realizado sobre plantaciones de frambuesa (Rubus idaeus var.Autumn Bliss) de 12 productores del Camino de los Nogales (El Bolsón), por ejemplo, evaluamos el efecto del manejo del suelo (orgánico vs. no orgánico-fertilización) y de la edad de la plantación sobre la calidad del suelo, estableciendo que el tipo de manejo afecta los niveles de nitrógeno y carbono orgánico (mayores en el manejo orgánico) y que la edad de la plantación afecta el nivel de fósforo y la actividad biológica de los suelos (mayor en plantaciones más antiguas). Este año iniciamos un estudio más extenso considerando distintas estrategias productivas en la región de El Manso (Tesis doctoral Valeria Álvarez) mediante combinación de metodologías tradicionales de caracterización de los microorganismos (biomasa microbiana, actividad biológica y enzimática) con metodologías más modernas como la biología molecular (basada en ADN) o la citometría de flujo (basada en propiedades de la célula como su tamaño y forma) a fin de poder establecer y cuantificar el impacto de las actividades productivas en la biodiversidad de estas comunidades edáficas.

Otra línea de investigación del grupo, impulsada desde la Agencia de Extensión Rural de El Bolsón, es el desarrollo de insumos locales basados en microorganismos eficientes nativos del suelo (bioles). Un biol se obtiene a partir de una fermentación basada en una fuente de carbono y nutrientes (ej. azúcar, melaza, semitín de trigo) y una fuente de microorganismos (ej. mantillo de bosque) en condiciones tales que propician su multiplicación. Su uso se plantea como una práctica agrícola para la transición agroecológica de los sistemas productivos. En este sentido se han iniciado estudios tendientes a evaluar el efecto de su aplicación sobre la biodiversidad de la rizosfera y el rendimiento de los cultivos (ej. rúcula y acelga, trabajo final de la Licenciatura en Agroecología (UNRN) Agustina Mardones).

Figura 3.Diversidad ambiental y productiva de la región de la Patagonia Norte. A- gradientes ambientales de altitud y precipitación, provincia de Río Negro. (https://www.nahuelhuapi.gov.ar/flora.html). B- sistemas productivos representativos de la zona (http://www.iica.int/es/content/comarca-andina-del-paralelo-42).

Un universo por descubrir en la Patagonia

La región norte de la Patagonia argentina –conformada por las provincias de Neuquén y Río Negro– se caracteriza por una amplia variedad de ecosistemas, con gradientes muy pronunciados de altitud y precipitación en unos pocos kilómetros de distancia (Figura 3). Como reflejo de lo que ocurre en la naturaleza, los sistemas productivos de esta región también se encuentran altamente diversificados, encontrando sistemas silvopastoriles, plantaciones forestales, producción de fruta fina y de cultivos hortícolas, etc. (Figura 3). En las zonas de montaña particularmente, todos estos sistemas se encuentran inmersos en una matriz de bosque nativo constituido por coníferas y latifoliadas (ej. ciprés de la cordillera, pehuén, coihue, lenga), cuya composición varía en función de los gradientes ambientales. La expansión de tierras destinadas a la producción sobre los bosques se traduce en procesos de degradación de suelos y vegetación comprometiendo la provisión de servicios ecosistémicos, y con ellos, a la economía regional y al bienestar y desarrollo de las poblaciones rurales. A pesar del rol central de los organismos del suelo en la provisión de servicios ecosistémicos, hasta el momento son pocas las estrategias productivas que consideran su preservación. Más aún, es poco el conocimiento que se tiene de los organismos de los suelos patagónicos, su variación natural en los gradientes ambientales de la región, y los cambios debidos a las actividades humanas. Por tal motivo es que desde el GIAASP de la EEA INTA Bariloche hemos iniciado el estudio y la caracterización de estos organismos. La información derivada de nuestra investigación permitirá a futuro identificar indicadores microbiológicos de la calidad de suelo, establecer sistemas y servicios de monitoreo y asistir en la toma de decisiones y en el desarrollo e implementación de nuevas prácticas productivas que aseguren la provisión de servicios ecosistémicos a través de la preservación de la biodiversidad de los suelos.