Sinergia: elemento central de la Agroecología

Pablo Tittonell

(texto extraído de la serie de charlas: ‘Agroecología una cuestión de Principios’, INTA Bordenave, Argentina)

Desde un punto de vista sistémico las sinergias representan relaciones ‘más que aditivas’ entre dos o más factores. En otras palabras, uno mas uno es más que dos, dos mas uno es más que tres, y así sucesivamente. Las sinergias pueden ser asimiladas en algunos casos a lo que en estadística llamamos interacciones positivas, pero no siempre es el caso, ya que no toda interacción positiva representa una sinergia. Pero en lugar de hablar de cómo medir sinergias (ver p.ej. Tittonell., 2013), quisiera destacar aquí tres aspectos.

En primer lugar, que dentro de los 10 elementos que definen a la agroecología las sinergias ocupan un lugar diferente a los demás elementos (de hecho, toman un lugar central en las gráficas) ya que pueden ser expresadas en función de los otros nueve elementos; así, es posible observar sinergias entre la eficiencia y la diversidad, por ejemplo, o entre la gobernanza y los valores humanos y sociales, o entre la economía solidaria y el reciclaje. Las sinergias, en tal sentido, aparecen como un meta-elemento, capaz de integrar a los otros nueve (Figura 1).

Figura 1: Relación entre los 10 elementos que definen a la Agroecología (FAO, 2018)

En segundo lugar, que existen, en mi opinión, dos formas de definir a las sinergias: de manera objetiva o subjetiva. Las sinergias objetivas son aquellas que existen en el medio natural independientemente de que las observemos o no, de que las utilicemos o no, de que las propiciemos con nuestro manejo o no. El mutualismo, la simbiosis, son ejemplos de sinergias en la naturaleza que existen desde que existe la vida en la tierra y que pueden ser caracterizadas, medidas y hasta manejadas en función de nuestros objetivos de producción. Las sinergias subjetivas en cambio son aquellas que surgen de una construcción intelectual humana, de una valoración de los procesos que tienen lugar en el socio-ecosistema en función de nuestros objetivos. Por ejemplo, la introducción de cultivos de cobertura que permitan capturar el exceso de nutrientes en el invierno, generar biomasa que aporte carbono al suelo, crear condiciones para el refugio y la alimentación de organismos benéficos, reducir la erosión hídrica o eólica protegiendo al suelo, usar el exceso de agua del suelo para evitar inundaciones en zonas húmedas, competir con las malezas y en el caso de leguminosas fijar N atmosférico, etc. Todos estos son procesos ‘utilitarios’, que responden a nuestros objetivos productivos, que permiten reducir costos de producción a la vez de reducir el impacto ambiental de la agricultura, es decir, una situación claramente sinérgica. Sin embargo, en ausencia de una valoración humana, antropocéntrica, tales relaciones carecerían de sentido .

Sinergias y Compromisos

En tercer lugar, es prácticamente imposible definir o incluso medir sinergias sin considerar al mismo tiempo su resultado antagónico: los compromisos, contraprestaciones o tensiones entre objetivos, conocidos como trade-offs en la literatura internacional. De hecho, las mismas herramientas que se pueden utilizar para medir sinergias se utilizan – y fueron desarrolladas – para evaluar compromisos entre objetivos. Esto se ilustra en la Figura 2a, que representa a dos objetivos encontrados, por ejemplo, la producción ganadera y la conservación de la vegetación nativa en un ecosistema de bosque. El objetivo A podría estar medido en términos de producción de carne por hectárea año, y el objetivo B en términos de la densidad de renovales de especies leñosas de interés. Si la relación entre ambos objetivos es substitutiva, ellos son prácticamente mutuamente excluyentes. Si la relación es complementaria, existiría un rango de productividad (hasta A1) en el que la pérdida de renovales no es tan elevada (B1’’), mas allá del cual la misma se agrava aceleradamente.

Figura 2. Ejemplos de sinergias y compromisos. (a) Los objetivos A y B son opuestos, pero su relación inversa puede ser sustitutiva o complementaria. De acuerdo a esto, para un mismo nivel de satisfacción del objetivo A (A1) el nivel de satisfacción del objetivo B puede ser B1’, B1, o B1’’ (de sustitución a complementariedad). Una sinergia representa un nivel aun mayor del objetivo A (A2) manteniendo el alto nivel de satisfacción de B (B1’’) o incluso mayor en ciertos casos. Adaptado de Tittonell (2013) (b) Un ejemplo proveniente del proyecto EULACIAS en sistemas hortícolas-ganaderos en Uruguay, donde en dos estudios de caso (Farm 1 y Farm 2) se observo a lo largo del proyecto una reducción de la erosión del suelo y un aumento de los ingresos familiares (de inicial a actual), y donde se calculo mediante modelos que estos aumentos podrían continuar sin comprometer el recurso suelo (de actual a potencial). Adaptado de Dogliotti et al., 2014.

Una sinergia podría ser por ejemplo, encontrar una forma de manejo del ganado que permita aumentar la producción, ya sea mediante aumento de la carga animal o de la productividad por animal, o ambas, a la vez de mantener la densidad de renovales forestales por encima del umbral B1”. Si esto fuera posible, se estaría transitando desde un compromiso a una sinergia, desde un ciclo vicioso a uno virtuoso. Tal es el caso de lo ocurrido durante un proyecto de co-innovación en horticultura en Uruguay (Figura 2b), donde fue posible disminuir la erosión del suelo y aumentar los ingresos familiares al mismo tiempo (cuando en general se asumía que la pérdida de suelos era un ‘costo necesario’ de la horticultura qua había que asumir).

Diferentes miradas

Finalmente, y de lleno en las sinergias subjetivas, es importante considerar la diversidad de actores interesados en tales relaciones. Por ejemplo, promover medidas de manejo que aumenten la necesidad de mano de obra en la explotación puede ser visto como un compromiso para el productor, que prefiere o necesita bajar costos, pero puede ser visto como una oportunidad para generar empleos rurales para un decisor político. Es decir que la misma relación puede ser vista como compromiso o sinergia por diferentes actores.

Referencias
Tittonell, P., 2013. Towards ecologically intensive smallholder farming systems. Design, scales and tradeoffs evaluation. In: Vanlauwe et al. (eds.) Agro-ecological Intensification of Agricultural Systems in the African Highlands, Earthscan, Rutledge, Oxon, p. 132-144.
Dogliotti, S., García, M.C., Peluffo, S., Dieste, J.P., Pedemonte, A.J., Bacigalupe, G.F., Scarlato, M., Alliaume, F., Alvarez, J., Chiappe, M., Rossing, W.A.H., 2014. Co-innovation of family farm systems: A systems approach to sustainable agriculture. Agricultural Systems 126.

Encuesta sobre la respuesta de la agroecología y la agricultura familiar frente a la pandemia de COVID19

Los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología reaccionaron rápidamente para aliviar las amenazas al sistema agroalimentario asociadas con la pandemia de COVID19. ¿Cuántos fueron, donde tuvieron lugar, a cuántas familias productoras o consumidoras, urbanas or rurales, beneficiaron estas iniciativas?

Son éstas las preguntas que nos proponemos poder responser y para ello, el Giaasp junto con una red amplia de colaboradores de América Latina, está lanzando una encuesta online para documentar y sistematizar la información sobre las iniciativas que surgieron desde los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología en respuesta a la pandemia de COVID19 y sus múltiples impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional. En este link podrán acceder a la encuesta online y completarla:

Link a la encuesta online

Por favor no dudar en difundirla entre sus colegas, colaboradores y redes que sean de su conocimiento, y que contribuyan o hayan contribuido a generar respuestas formales o informales.

Muchas gracias!

más información: fernandez.manuela@inta.gob.ar

 

Será la COVID19 el puntapié necesario para repensar nuestro sistema agroalimentario?

Pablo Tittonell

(texto en preparación para el Informe Planeta Vivo 2020, WWF)

Nuestro sistema alimentario actual enfrenta muchos desafíos para mantenernos alimentados durante la pandemias de COVID-19. Al restringir la movilidad, el comercio internacional y el transporte, la crisis de la COVID-19 socava gravemente uno de los pilares clave de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos. Dependiendo de cuánto durará esta crisis y las restricciones asociadas a la movilidad de bienes y personas, otros componentes de la seguridad alimentaria, a saber, la disponibilidad, la estabilidad y la utilización de los alimentos también se verán gravemente afectados. Las pandemias de COVID19 revelaron, o más bien destacaron, la debilidad de nuestro sistema alimentario industrializado y globalizado, dominado por unas pocas corporaciones multinacionales, caracterizado por monocultivos uniformes y ganadería industrializada, y altamente dependientes de recursos no renovables para la producción, transformación y distribución de alimentos. La mayoría de las ciudades y países enteros importan grandes cantidades de alimentos y dependen estrictamente del transporte y la movilidad internacional de los alimentos.

La agroecología ofrece oportunidades para integrar verdaderamente la naturaleza y la agricultura de una manera funcional y mutuamente beneficiosa, sinérgica, en paisajes multifuncionales y resilientes para la naturaleza y las personas (Informe Planeta Vivo, 2018). Al mismo tiempo, la agroecología ofrece también conocimiento y experiencia para diseñar sistemas alimentarios más robustos y resistentes frente a COVID19 y otras posibles crisis futuras (Altieri y Nicholls, 2020). Ya que junto a producir una diversidad de alimentos nutritivos y rendimientos razonables, la agroecología:

– promueve la restauración del paisaje dentro y alrededor de los sistemas agrícolas creando barreras ecológicas que pueden contribuir a contener patógenos;

– promueve sistemas ganaderos alternativos que dependen de operaciones al aire libre que brindan servicios esenciales del ecosistema y aseguran la salud y el bienestar de los animales, fortaleciendo su sistema inmunológico y reduciendo así la necesidad de antibióticos;

– restablece la capacidad productiva y la autosuficiencia de los pequeños agricultores familiares, ofreciendo medios de vida rurales más atractivos que evitan la migración a las ciudades;

– contribuye a la soberanía alimentaria de la población rural y urbana a través de cadenas de valor más cortas y seguras (hoy en día el 50% de los alimentos consumidos, producidos en el 20% de la superficie agrícola);

– proporciona conocimiento y experiencia para el diseño de sistemas de producción urbanos y periurbanos, asegurando el acceso (estratégico) a alimentos frescos, saludables y de bajo kilometraje, que también pueden reforzar el sistema inmunológico de las personas.

La agroecología implica una forma diferente de hacer política, negocios, investigación científica o activismo. Hace un llamamiento a la participación inclusiva, la creación conjunta de conocimiento, sabiduría o valor agregado horizontalmente, democráticamente. El tiempo de la torre de Babel desde la cual los científicos , los agentes de desarrollo o los responsables políticos enuncian sus verdades ha terminado. El tiempo del diagnóstico recurrente de nuestra crisis alimentaria y ambiental también ha pasado.

Todos los conceptos e informes disponibles para describir nuestros problemas, crear conciencia e influir en los responsables políticos (por ejemplo, los Límites Planetarios, el Estado de Inseguridad Alimentaria, la Evaluación de la Biodiversidad del IPBES, etc.) son seguramente necesarios, pero no suficientes. Necesitamos avanzar hacia la acción, hacia un cambio transformador.

Fomentar la agroecología significa un cambio profundo en la forma en que hacemos ciencia, desarrollo, política. Requiere comprometerse con los movimientos sociales que son el vehículo para el cambio transformador. Los científicos preocupados, incluido yo mismo, tenemos que entender que el impacto real no se mide por el número de citas bibliográficas, índices o factores de impacto. El impacto se mide por la capacidad de nuestras palabras y acciones para provocar el cambio.

Hasta ahora, la agroecología se ha expandido lenta pero firmemente y sin mucho apoyo de políticas, gobiernos, corporaciones, organizaciones internacionales, donantes o la academia. La agroecología crece de abajo hacia arriba. Aunemos fuerzas, aportemos, seamos parte del cambio. La actual crisis COVID19 puede ser una oportunidad para repensar nuestras estrategias.

Referencias

Altieri, M.A., Nicholls, C.I. Agroecology and the emergence of a post COVID-19 agriculture. Agric Hum Values (2020). https://doi.org/10.1007/s10460-020-10043-7

Los caminos del desarrollo sustentable

¿Qué opiniones se juegan en las discusiones sobre los caminos para un desarrollo sustentable en regiones pastoriles?

Extracto de: Easdale M.H., et al. (2020). Strains in sustanability debates: Traditional ecological knowledge and Western science through the lens of extension agents in a pastoral region. Rural Sociology 85(1): 57-84

Quienes participan en debates sobre los caminos para el desarrollo sustentable de una región coinciden en el potencial que tiene diseñar soluciones basadas en la integración del conocimiento ecológico tradicional (TEK), que poseen por ejemplo los productores, campesinos o familias rurales y los conocimientos científicos. El pastoralismo trashumante es una estrategia de vida adaptada a la variabilidad ambiental y temporal en muchas regiones montañosas y áridas de todo el mundo. Esta forma de sustento se basa en una lógica móvil, ya que las familias y sus rebaños intercalan momentos en los cuales se establecen en zonas bajas durante el invierno (denominadas invernadas), moviéndose a zonas de montaña para aprovechar los pastizales de altura durante el verano (denominadas veranadas).

Este sistema está cada vez más amenazado por los nuevos estilos de vida promovidos desde una mentalidad occidental (moderna y urbana) y por el cambio climático. El objetivo de este trabajo fue identificar y caracterizar las diferentes perspectivas o visiones de profesionales extensionistas y asesores sobre los problemas ambientales y sociales en una región pastoril y su asociación con la colaboración laboral entre ellos, enmarcados en una acción institucional. Abordamos la consulta sobre los puntos de vista con la metodología Q (ver Previte et al., 2007), y la relacionamos con problemas regionales, soluciones alternativas y vías de desarrollo futuras para el pastoreo trashumante y la gestión del paisaje en el noroeste de la Patagonia, Argentina.

Identificamos seis grupos de opinión sobre el tema: a) los Reivindicadores Culturales (o defensores de la actividad trashumante, sus conocimientos y preocupados por mejorar sus condiciones de vida y sus derechos), b) Conservadores Ambientales (o defensores del ambiente y preocupados por la degradación, ponderan las alternativas como la producción Silvopastoril), c) Mediadores (posiciones intermedias entre a y b), d) Pesimistas Apocalípticos (quienes consideran que no hay futuro para la actividad trashumante ni opciones para evitar la degradación), e) Progresistas Productivistas (promueven mejoras en la producción ganadera y en la asistencia del Estado), f) Optimistas de Mercado con Organización Social (valoran la existencia de oportunidades de mercado para productos ganaderos y promueven la organización social para aprovechar dichas oportunidades).

Figura 1: Red de colaboraciones laborales de los agentes de extensión rural en la zona

El análisis de la red de colaboración entre los agentes de extensión registró que las posturas mediadoras se ubicaron en posiciones centrales en la red de colaboraciones laborales, confirmando que tienden puentes para acercar posiciones. De todas maneras, las perspectivas más dominantes fueron las que enfatizan el conocimiento local (Reivindicadores Culturales) y el conocimiento científico (Conservadores Ambientales), aunque registraron una centralidad intermedia en la red. Si bien hubo consenso sobre la necesidad de buscar opciones de desarrollo sustentable en la región, el énfasis en la integración de conocimientos, como camino para dar respuestas a problemas en la región, todavía necesita soluciones convergentes.

Referencias

Previte, J., Pini, B. and Haslam‐McKenzie, F., 2007. Q methodology and rural research. Sociologia Ruralis47(2), pp.135-147.

Enlace para descargar el documento completo:

Los 10 elementos que definen a la agroecología y su evaluación

Pablo Tittonell

(Extraído de: Tittonell, P. 2020. Los 10 elementos que definen a la Agroecología y su evaluación. Actas del Ciclo de Charlas Agroecología: una cuestión de principios. INTA Bordenave. Instagram: intabordenave.agroecologia)

Históricamente, la agroecología ha sido definida a partir de una serie de “principios”. La necesidad de identificar tales principios surgió como una forma de diferenciar claramente al enfoque agroecológico de otros que le son más o menos cercanos, y con los cuales existen numerosas coincidencias y también discrepancias, tales como la agricultura[1] orgánica, la permacultura, la agricultura biodinámica, la agricultura de conservación, la agricultura regenerativa, entre otros. También, y más asiduamente, con la agricultura sostenible o los conceptos de sustentabilidad de los agroecosistemas.

El término agroecología, entendido como el estudio de la ecología de los ecosistemas cultivados y/o intervenidos por el humano para la producción, aparece por primera vez en la década del 1930. Luego aparece en los ´70 asociado a una forma de manejar al sistema productivo, principalmente a escala de la explotación agropecuaria y definido básicamente en términos de prácticas. En los ´80 surge el concepto de agroecología política, asociado al surgimiento de movimientos agroecológicos campesinos y/o a la adopción del término por movimientos y organizaciones sociales preexistentes, fuertemente ligadas a las reivindicaciones de la agricultura familiar. Para mayores detalles sobre esta perspectiva histórica consultar el informe del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, el IIED, compilado por Laura Silici (2014).

Los textos “fundacionales” de lo que conocemos hoy como agroecología aparecen publicados mayormente durante la década del ’90, y dos de los principales exponentes de esta nueva agroecología, a la vez científica, práctica y política en las Américas hispana y anglosajona son Miguel Altieri y Steve Gliessman, ambos catedráticos de la Universidad de California. En sus primeras publicaciones, éstos autores definen a la agroecología como: “El uso de conceptos y principios ecológicos para el diseño y el manejo del agroecosistema”. Revisiones posteriores reemplazaron en la definición el término agroecosistema por el de sistema alimentario.

Los principios ecológicos a los que se referían estos autores en dichas publicaciones eran – si bien presentados con otras palabras – la diversidad, la eficiencia, la regulación natural, las sinergias y el reciclaje (Tittonell, 2014). Revisiones posteriores de la definición de la agroecología, llevadas adelante por éstos mismos autores y por otros, de escuelas más ligadas con las ciencias sociales, enfatizaron la necesidad de incluir principios sociales junto con los ecológicos para definir a la agroecología. Un grupo de la Universidad de Louven en Bélgica incluso publicó un artículo clarificando los principios socioeconómicos de la agroecología (Dumont et al., 2016).

En medio de estos debates, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, abre sus puertas a la agroecología por primera vez en su historia, bajo los auspicios del entonces Director General de la institución Graziano Da Silva (exministro de desarrollo agrario de Brasil durante el primer gobierno de Lula da Silva). En 2014 se organiza el primer simposio internacional de agroecología en la FAO – el autor de este escrito tuvo el honor de abrir el evento con una charla en conjunto con Steve Gliessman (Gliessman y Tittonell, 2015) – apoyado por una serie de países miembros de la FAO, especialmente Francia, pero boicoteado por otros países miembros, tales como Estados Unidos, Canadá, Argentina y Australia.

De los debates e intercambios que tuvieron lugar en aquel simposio, durante su preparación, y en discusiones regionales posteriores (en América Latina, Asia y África) surgió la necesidad de ampliar la definición de la agroecología para incluir a los diferentes aspectos asociados con ella. Se propuso evitar el uso del concepto de ´principios´ y adoptar en cambio la noción de “elementos” asociados a la agroecología. A los cinco elementos mencionados anteriormente se sumaron la co-creación y el intercambio de conocimientos, la resiliencia, los valores humanos y sociales, las culturas y tradiciones alimentarias, la economía circular y solidaria, y la gobernanza responsable.

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El reemplazo de principios por elementos surge en respuesta a que muchos de los principios sociales, tales como la equidad o la co-creación de conocimientos exceden ampliamente al agroecosistema y a la producción agropecuaria, operan a escalas mayores e incluyen una mayor diversidad de actores, vinculados más o menos fuertemente con el agroecosistema. Desde un punto de vista, epistemológico, la noción de elementos responde a una lógica difusa, otorga mayor flexibilidad y matices. Desde un punto de vista operativo, sin embargo, la noción de elementos puede dificultar la identificación y valuación de criterios de evaluación e indicadores.

En respuesta al desafío metodológico de poder utilizar los 10 elementos de la agroecología como criterios e indicadores para monitorear la transición agroecológica, la FAO convocó en octubre de 2018 a representantes de 80 organizaciones del mundo entero trabajando en agroecología, desde la práctica, la ciencia y los movimientos sociales, para diseñar de manera participativa un marco de evaluación para la transición agroecológica (TAPE – FAO 2019).  

El marco de evaluación TAPE responde a la necesidad de generar evidencia concreta acerca de dos preguntas básicas a las que nos enfrentamos con frecuencia en agroecología: (i) ¿cuántos productores agroecológicos hay en el mundo?, y (ii) ¿qué impacto tienen éstos en aspectos claves del desarrollo sostenible como las economías locales y nacionales, la generación de empleos, la conservación de la biodiversidad, la equidad social, la adaptación al cambio climático, la igualdad de oportunidades, etc.? El marco de evaluación de los 10 principios de la agroecología ha sido testeado por primera vez en 2019 en la región Patagonia norte (Argentina) sobre unos 70 casos, y está actualmente siendo testeado en varios países de la región, de Asia y de África.

Referencias

Dumont A.M., Vanloqueren G., Stassart P.M., Baret P.V. 2016. Clarifying the socioeconomic dimensions of agroecology: between principles and practices. Agroecology and Sustainable Food Systems 40(1), 24-47.

FAO, 2019. TAPE Tool for Agroecology Performance Evaluation 2019 – Process of development and guidelines for application. Test version. Rome

Gliessman, S., Tittonell, P., 2015. Agroecology for Food Security and Nutrition. Agroecology and Sustainable Food Systems 39, 131-133.

Tittonell, 2014. Ecological intensification – sustainable by nature. Current Opinion on Environmental Sustainability 8, 53–61

(1) Siguiendo la definición de la FAO, se entiende aquí por “agricultura” a todas las actividades relacionadas con la producción primaria animal y vegetal, exceptuando la pesca.

Primera Maestría en Agroecología acreditada por CONEAU

Tenemos el orgullo de anunciar el lanzamiento de la primera Maestría en Agroecología desarrollada por la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias de Bariloche (IFAB: INTA-CONICET). El programa de maestría ha sido acreditado por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) del Ministerio de Educación de Argentina, y será dictado en su mayor parte por docentes del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD) de la UNRN y del Grupo Interdisciplinario de Agroecología, Ambiente y Sistemas de Producción (GIAASP) del IFAB: INTA-CONICET.

Estructura

La carrera se estructura en dos ciclos, obligatorio y electivo, de forma tal de poder garantizar una formación obligatoria y común a todos los maestrandos en las bases epistemológicas de la agroecología, en la metodología de evaluación y planificación de los procesos de transición agroecológica y en las herramientas de investigación propias de este campo de conocimiento (ver Anexos).

La maestría totaliza 716 horas y está organizada en cuatro períodos de cuatro meses (cuatrimestres) de cursado en los que se desarrollan Seminarios, Cursos y Talleres de 556 horas de formación. Estas instancias deberán ser aprobadas para poder realizar la tesis y su posterior defensa, lo que equivale a 160 horas.

Inscripción

El inicio de la primera cohorte tendría lugar en marzo del 2020. Les agradecemos tengan a bien distribuir y promocionar lo mas ampliamente posible el posgrado y soliciten a los eventuales interesados el pronto envío de la siguiente documentación en copias escaneadas al email de la Dirección de Posgrado de la UNRN (posgrado.andina@unrn.edu.ar), a fin de realizar una preinscripción y evaluar las postulaciones:
– Ficha de inscripción
– Copia del Título de formación de grado (o certificado de título en trámite o Certificado Analítico)
– Copia del CV

El costo de la maestría (24 meses) será de 20 cuotas de $4000 ajustadas a futuro por la evolución salarial.

Información, consultas e inscripciones: posgrado.andina@unrn.edu.ar

Anexos

Carrera de Postgrado Maestria en Agroecología_UNRN-INTA

FICHA INSCRIPCION POSGRADO UNRN 2019

 

Los pastizales naturales y el cambio climático

Por Andrea Enriquez

Grupo de Suelos y Aguas, Área de Recursos Naturales, IFAB (CONICET-INTA EEA Bariloche), enriquez.andrea@inta.gob.ar

Versión resumida publicada en el suplemento Pulso, Diario Río Negro

Actualmente crece el interés por conocer la contribución que los ecosistemas naturales y los manejados hacen al cambio climático. Las actividades humanas están modificando los ecosistemas dramáticamente y hoy, cerca del 40% de la superficie terrestre natural ha sido reemplazada por cultivos o pasturas. Este proceso  ha aumentado la concentración de ciertos gases con efecto invernadero (GEI), mayormente debido al uso de fertilizantes o al mismo cambio en el uso de la tierra. Sin embargo, la emisión de GEI desde ecosistemas naturales puede ser no despreciable y ameritan ser estudiadas. Esta perspectiva es utilizada a nivel mundial para generar inventarios, modelos predictivos o tomar decisiones de uso o conservación de ambientes.

Pastizales naturales bajo uso ganadero en la Patagonia

La ganadería de tipo extensiva es una de las principales actividades que se desarrollan en las estepas áridas y semiáridas de la Patagonia (Figura 1). Eso hizo que un grupo de Investigación en recursos Naturales del INTA Bariloche se interese en estudiar estos pastizales naturales bajo uso ganadero para entender su funcionamiento y estructura pero también los efectos del uso provocados por parte del hombre.

Figura 1. Sistema de pastizal natural en Patagonia Norte, bajo uso ganadero ovino. 

El ecosistema de estudio

La investigación se centró en los mallines, que son un tipo de humedal continental semipermantenteporque son relevantes para el desarrollo de la economía y calidad de vida de la región debido a su elevada productividad forrajera pero también a los importantes roles ecológicos que cumplen allí, a pesar de cubrir alrededor del 5% del territorio (Figura 2).

Figura 2. Mallín de región ecológica de Sierras y Mesetas: Seccional Casa de Piedra. 

El servicio ecosistémico abordado y objetivo del proyecto

A lo largo del trabajo, se comprobó que los suelos de mallines tienen una alta capacidad para secuestrar (capturar) carbono atmosférico (dióxido de carbono ó CO2) lo cual es una muy buena noticia para el ecosistema en sí mismo a nivel local, pero también colabora en la mitigación del calentamiento global a nivel mundial. Sin embargo, no todos los humedales son reservorios de GEI sino que muchos emiten cantidades significativas de metano (CH4) y otros de óxido nitroso (N2O), dos de los gases con mayor poder de calentamiento del planeta. Es por eso que, el objetivo de uno de los últimos proyectos abordados por el equipo de investigación, financiados por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (PICT 2016-1909), fue estudiar el potencial de los mallines como emisores de tres GEI (CO2, CH4y N2O) bajo dos diferentes escenarios de cambio global: uso de la tierra y cambio climático.

La metodología implementada

Como los humedales son ecosistemas en los que los procesos biológicos y geoquímicos se controlan según el grado de saturación del suelo y según el clima y la disponibilidad de nutrientes, este proyecto contempló una metodología que permita establecer las relaciones causales entre estos parámetros y las emisiones  de GEI resultantes. Los escenarios de cambio global contemplados fueron de uso de la tierra (pastoreo histórico: leve vs. intenso) y de cambio climático (tratamiento de temperatura: control vs aumento pasivo de temperatura con el uso de cámaras abiertas) (Figura 3.A). La metodología de muestreo utilizada (Figura 3.B) y los análisis siguieron las recomendaciones de la GRACEnet (www.ars.usda.gov/research/GRACEnet) ya utilizadas por colegas del instituto de Clima y Agua de INTA Castelar, con quienes colaboramos en este proyecto (http://sepa.inta.gob.ar/gei/).

Figura 3. A) Cámara abierta de policarbonato, implementada para aumentar de manera pasiva la temperatura media del ecosistema. B) Cámara estática cerrada, desde donde se extraen las muestras de aire para calcular flujo de gases de efecto invernadero (GEI).

Resultados preliminares

Se encontró que la producción y emisión de GEI desde los mallines Patagónicos tiene una dinámica que sigue a los patrones ambientales: en invierno, los suelos de mallines están fríos y anegados, lo que les genera falta de oxígeno; en verano, el suelo se drena y la oxigenación es la condición más común, junto a temperaturas elevadas. De esta manera, las mayores emisiones de GEIs se producen durante una ventana de tiempo que coincide con el paso del invierno al verano (aproximadamente 1 mes), cuando el suelo aún está húmedo pero las temperaturas ya son lo suficientemente elevadas como para que el metabolismo microbiano se active. Durante el momento más seco del año, que es también el más cálido, la tasa de emisión de los GEI se ve restringida a la basal o es hasta nula, aunque observamos que eventos de lluvia podrían desencadenar pulsos de emisión desacoplados de la influencia de la freática, especialmente para el N2O.

Los tres gases evaluados tienen diferente poder para calentar la atmósfera, y al compararlos en forma de CO2equivalenetes, se puede concluir que los mallines sí manifiestan una emisión neta de GEIs al ambiente pero que ésta se encontraría entre las más bajas reportadas para variados humedales del mundo.

Además, y en líneas generales, se encontró que los factores de cambio global estudiados afectaron la emisión natural de los GEIs.

En conjunto, los resultados preliminares implican que los mallines patagónicos son secuestradores de carbono atmosférico pero también que no serían grandes emisores de otros GEIs como el metano y el óxido nitroso, comparado a otros ambientes productivos del planeta, pero que el cambio global podría afectar estos patrones de manera significativa.

Posibles usos de la información

El estudio informa sobre las emisiones de GEI desde sistemas naturales en América del Sur, donde los datos de campo son muy escasos o, en el caso de Patagonia Norte, inexistentes hasta la fecha. Específicamente, caracterizar la magnitud de las emisiones de GEI en ecosistemas naturales, es importante para poder comprender los factores que las regulan y desarrollar modelos de simulación que las estimen, permitiendo confeccionar mapas de las emisiones de GEI de todas las regiones con potencial de emisión del país (https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/inventario-nacional-gei-argentina.pdf), o para simular escenarios de uso, manejo o climáticos para encontrar la mejor manera de aprovecharlos. También se podría colaborar en la interna que existe entre sistemas de pastoreo extensivo versus intensivo contemplando el potencial de calentamiento o la huella de carbono de cada kilogramo de carne producida. Siempre es posible utilizar este tipo de información en planes de manejo sustentable o conservación y restauración, en caso de ser necesarios.

Fotos de paisajes:Dra. Mariana Reissig

Glosario:

Cambio Global: es el conjunto de cambios ambientales que se derivan de las actividades humanas sobre el planeta.

Gases de efecto invernadero-GEI: son gases atmosféricos que absorben y emiten radiación dentro del rango infrarrojo. Los principales GEI en la atmósfera terrestre son el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, el óxido de nitrógeno y el ozono.

Calentamiento global:es el aumento de la temperatura media de la atmósfera terrestre y de los océanos. Un aumento en la concentración de GEI puede incrementar el efecto invernadero natur al del planeta.

Cambio Climático: es la modificación en el clima como resultado del calentamiento global.

 

Evaluando la transición a la agroecología en Patagonia norte

Por Juan de Pascuale Bovi y Valeria Ávarez

Existen variados esfuerzos en responder preguntas tales como ¿qué es la agroecología? y ¿cuán agroecológico es un sistema productivo?  La FAO, desde 2014 lidera un proceso a nivel mundial que busca consenso para generar marcos a partir de los cuales sea factible definir a la agroecología y aproximar a un análisis sobre la transición a la agroecología.

Un documento divulgado por la FAO, amigable y de fácil lectura, es Los 10 elementos de la Agroecología. Guía para la transición hacia sistemas alimentarios y agrícolas sostenibles. Donde define a la agroecología como un enfoque integrado que aplica simultáneamente conceptos y principios ecológicos y sociales al diseño y la gestión de los sistemas alimentarios y agrícolas. Su objetivo es optimizar las interacciones entre las plantas, los animales, los seres humanos y el medio ambiente, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, los aspectos sociales que deben abordarse para lograr un sistema alimentario justo y sostenible.

Es así que la respuesta a la primera pregunta, sobre ¿qué es la Agroecología?muestra gran complejidad ya que incluye varios elementos y aborda diferentes dimensiones. Dentro de los 10 elementos, aquellos referidos a las prácticas de cultivo y criterios de innovación, son la diversidad, las sinergias, la eficiencia, la resiliencia, el reciclaje y la creación conjunta y el intercambio de conocimientos. En cuanto a los aspectos contextuales y el entorno favorable se mencionan los valores humanos y sociales, la cultura y tradiciones alimentarias, la economía circular y solidaria, y la gobernanza responsable.

En base al acuerdo sobre estos 10 elementos que deben ser considerados en el enfoque para el diseño y la gestión de los agroecosistemas, se realizan esfuerzos para consolidar una metodología que responda a la segunda pregunta ¿cuan agroecológico es un sistema productivo?Al igual que la respuesta para la primera pregunta, ésta no carece de complejidad. Luego del 2doSimposio Internacional de Agroecología en 2018, FAO constituye un equipo técnico de trabajo que se enfoca en desarrollar un marco analítico para la evaluación multidimensional de la agroecología y una guía para su aplicación. Uno de los miembros del equipo de expertos externos es el Dr. Pablo Tittonell.

Evaluación a campo

A principios de 2019, en Argentina se establecieron nodos para la evaluación de la metodología. Para Patagonia Norte, se conformo un equipo local coordinado por Juan De Pascuale (INTA-Bariloche) y Valeria Álvarez (becaria CONICET). Se trabaja en conjunto con cuatro Agencias de Extensión Rural (AER), que abracan situaciones geográficas, socio económicas y culturales muy diversas. Desde valles fértiles (El Bolson, El Manso, Alto Valle), hasta situaciones de clima árido o semi-árido (Corralito, Cerro Alto, Villa LLanquin, Picún Leufú, Paso Aguerre).

En cada área de trabajo se realizan visitas a campos, y junto a productores y agentes de desarrollo (extensionistas), se analizan los índices establecidos en la metodología. La información es relevada mediante entrevista semi-estructurada, guiada por tópicos (lo 10 elementos). Posteriormente, el análisis de la información se lleva a cabo mediante gráficos de radar que permiten un reconocimiento rápido de los puntos fuertes y débiles del sistema.

Actualmente se trabaja en aumentar el numero de casos de estudio de manera de poder aplicar técnicas de análisis multivariado para alcanzar una mejor comprensión sobre la configuración de los sistemas, la interacción entre las variables y un agrupamiento de los sistemas en base al estado actual, ubicando a cada sistema en un gradiente que va, desde una configuración tipo sistema convencional hasta sistemas agroecológicos.

Se analizaron sistemas ganaderos, agrícolas y mixtos (agrícola-ganadero). Uno de los sistemas estudiados integra a sus actividades productivas la acuicultura. Todos los sistemas estudiados pertenecen a la agricultura familiar, cuyo rasgo distintivo es la priorización de la mano de obra familiar en las actividades productivas y de gestión del sistema.

Entre las curiosidades observadas, fue que no siempre los sistemas agrícolas (hortícolas) orgánicos vinculados a circuitos cortos de comercialización, economías circulares, con espacios de co-creación de conocimiento y valores humanos y sociales fuertes, en términos de dignidad, equidad, igualdad, inclusión y justicia, son los sistemas mejor puntuados en términos de transición a la agroecología. La tendencia es que la matriz productiva donde el diseño incorpora animales, muestran mejores resultados, en una misma situación de contexto.

Las múltiples dimensiones de la agroecología

La agroecología como enfoque precisa ser comprendida desde la multiplicidad de dimensiones que la define. Evitar valoraciones taxativas puede ser de gran ayuda en el entendimiento de los diseños de los sistemas y en comprender el entorno que la condiciona. De esta manera es posible identificar elementos puntuales sobre los cuales trabajar desde la co-innovación. Analizar los sistemas productivos a partir de un marco metodológico complejo, interpretado en forma conjunta con productores y referentes de cada zona, presenta un potencial sumamente interesante.