Sinergia: elemento central de la Agroecología

Pablo Tittonell

(texto extraído de la serie de charlas: ‘Agroecología una cuestión de Principios’, INTA Bordenave, Argentina)

Desde un punto de vista sistémico las sinergias representan relaciones ‘más que aditivas’ entre dos o más factores. En otras palabras, uno mas uno es más que dos, dos mas uno es más que tres, y así sucesivamente. Las sinergias pueden ser asimiladas en algunos casos a lo que en estadística llamamos interacciones positivas, pero no siempre es el caso, ya que no toda interacción positiva representa una sinergia. Pero en lugar de hablar de cómo medir sinergias (ver p.ej. Tittonell., 2013), quisiera destacar aquí tres aspectos.

En primer lugar, que dentro de los 10 elementos que definen a la agroecología las sinergias ocupan un lugar diferente a los demás elementos (de hecho, toman un lugar central en las gráficas) ya que pueden ser expresadas en función de los otros nueve elementos; así, es posible observar sinergias entre la eficiencia y la diversidad, por ejemplo, o entre la gobernanza y los valores humanos y sociales, o entre la economía solidaria y el reciclaje. Las sinergias, en tal sentido, aparecen como un meta-elemento, capaz de integrar a los otros nueve (Figura 1).

Figura 1: Relación entre los 10 elementos que definen a la Agroecología (FAO, 2018)

En segundo lugar, que existen, en mi opinión, dos formas de definir a las sinergias: de manera objetiva o subjetiva. Las sinergias objetivas son aquellas que existen en el medio natural independientemente de que las observemos o no, de que las utilicemos o no, de que las propiciemos con nuestro manejo o no. El mutualismo, la simbiosis, son ejemplos de sinergias en la naturaleza que existen desde que existe la vida en la tierra y que pueden ser caracterizadas, medidas y hasta manejadas en función de nuestros objetivos de producción. Las sinergias subjetivas en cambio son aquellas que surgen de una construcción intelectual humana, de una valoración de los procesos que tienen lugar en el socio-ecosistema en función de nuestros objetivos. Por ejemplo, la introducción de cultivos de cobertura que permitan capturar el exceso de nutrientes en el invierno, generar biomasa que aporte carbono al suelo, crear condiciones para el refugio y la alimentación de organismos benéficos, reducir la erosión hídrica o eólica protegiendo al suelo, usar el exceso de agua del suelo para evitar inundaciones en zonas húmedas, competir con las malezas y en el caso de leguminosas fijar N atmosférico, etc. Todos estos son procesos ‘utilitarios’, que responden a nuestros objetivos productivos, que permiten reducir costos de producción a la vez de reducir el impacto ambiental de la agricultura, es decir, una situación claramente sinérgica. Sin embargo, en ausencia de una valoración humana, antropocéntrica, tales relaciones carecerían de sentido .

Sinergias y Compromisos

En tercer lugar, es prácticamente imposible definir o incluso medir sinergias sin considerar al mismo tiempo su resultado antagónico: los compromisos, contraprestaciones o tensiones entre objetivos, conocidos como trade-offs en la literatura internacional. De hecho, las mismas herramientas que se pueden utilizar para medir sinergias se utilizan – y fueron desarrolladas – para evaluar compromisos entre objetivos. Esto se ilustra en la Figura 2a, que representa a dos objetivos encontrados, por ejemplo, la producción ganadera y la conservación de la vegetación nativa en un ecosistema de bosque. El objetivo A podría estar medido en términos de producción de carne por hectárea año, y el objetivo B en términos de la densidad de renovales de especies leñosas de interés. Si la relación entre ambos objetivos es substitutiva, ellos son prácticamente mutuamente excluyentes. Si la relación es complementaria, existiría un rango de productividad (hasta A1) en el que la pérdida de renovales no es tan elevada (B1’’), mas allá del cual la misma se agrava aceleradamente.

Figura 2. Ejemplos de sinergias y compromisos. (a) Los objetivos A y B son opuestos, pero su relación inversa puede ser sustitutiva o complementaria. De acuerdo a esto, para un mismo nivel de satisfacción del objetivo A (A1) el nivel de satisfacción del objetivo B puede ser B1’, B1, o B1’’ (de sustitución a complementariedad). Una sinergia representa un nivel aun mayor del objetivo A (A2) manteniendo el alto nivel de satisfacción de B (B1’’) o incluso mayor en ciertos casos. Adaptado de Tittonell (2013) (b) Un ejemplo proveniente del proyecto EULACIAS en sistemas hortícolas-ganaderos en Uruguay, donde en dos estudios de caso (Farm 1 y Farm 2) se observo a lo largo del proyecto una reducción de la erosión del suelo y un aumento de los ingresos familiares (de inicial a actual), y donde se calculo mediante modelos que estos aumentos podrían continuar sin comprometer el recurso suelo (de actual a potencial). Adaptado de Dogliotti et al., 2014.

Una sinergia podría ser por ejemplo, encontrar una forma de manejo del ganado que permita aumentar la producción, ya sea mediante aumento de la carga animal o de la productividad por animal, o ambas, a la vez de mantener la densidad de renovales forestales por encima del umbral B1”. Si esto fuera posible, se estaría transitando desde un compromiso a una sinergia, desde un ciclo vicioso a uno virtuoso. Tal es el caso de lo ocurrido durante un proyecto de co-innovación en horticultura en Uruguay (Figura 2b), donde fue posible disminuir la erosión del suelo y aumentar los ingresos familiares al mismo tiempo (cuando en general se asumía que la pérdida de suelos era un ‘costo necesario’ de la horticultura qua había que asumir).

Diferentes miradas

Finalmente, y de lleno en las sinergias subjetivas, es importante considerar la diversidad de actores interesados en tales relaciones. Por ejemplo, promover medidas de manejo que aumenten la necesidad de mano de obra en la explotación puede ser visto como un compromiso para el productor, que prefiere o necesita bajar costos, pero puede ser visto como una oportunidad para generar empleos rurales para un decisor político. Es decir que la misma relación puede ser vista como compromiso o sinergia por diferentes actores.

Referencias
Tittonell, P., 2013. Towards ecologically intensive smallholder farming systems. Design, scales and tradeoffs evaluation. In: Vanlauwe et al. (eds.) Agro-ecological Intensification of Agricultural Systems in the African Highlands, Earthscan, Rutledge, Oxon, p. 132-144.
Dogliotti, S., García, M.C., Peluffo, S., Dieste, J.P., Pedemonte, A.J., Bacigalupe, G.F., Scarlato, M., Alliaume, F., Alvarez, J., Chiappe, M., Rossing, W.A.H., 2014. Co-innovation of family farm systems: A systems approach to sustainable agriculture. Agricultural Systems 126.

Encuesta sobre la respuesta de la agroecología y la agricultura familiar frente a la pandemia de COVID19

Los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología reaccionaron rápidamente para aliviar las amenazas al sistema agroalimentario asociadas con la pandemia de COVID19. ¿Cuántos fueron, donde tuvieron lugar, a cuántas familias productoras o consumidoras, urbanas or rurales, beneficiaron estas iniciativas?

Son éstas las preguntas que nos proponemos poder responser y para ello, el Giaasp junto con una red amplia de colaboradores de América Latina, está lanzando una encuesta online para documentar y sistematizar la información sobre las iniciativas que surgieron desde los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología en respuesta a la pandemia de COVID19 y sus múltiples impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional. En este link podrán acceder a la encuesta online y completarla:

Link a la encuesta online

Por favor no dudar en difundirla entre sus colegas, colaboradores y redes que sean de su conocimiento, y que contribuyan o hayan contribuido a generar respuestas formales o informales.

Muchas gracias!

más información: fernandez.manuela@inta.gob.ar

 

Será la COVID19 el puntapié necesario para repensar nuestro sistema agroalimentario?

Pablo Tittonell

(texto en preparación para el Informe Planeta Vivo 2020, WWF)

Nuestro sistema alimentario actual enfrenta muchos desafíos para mantenernos alimentados durante la pandemias de COVID-19. Al restringir la movilidad, el comercio internacional y el transporte, la crisis de la COVID-19 socava gravemente uno de los pilares clave de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos. Dependiendo de cuánto durará esta crisis y las restricciones asociadas a la movilidad de bienes y personas, otros componentes de la seguridad alimentaria, a saber, la disponibilidad, la estabilidad y la utilización de los alimentos también se verán gravemente afectados. Las pandemias de COVID19 revelaron, o más bien destacaron, la debilidad de nuestro sistema alimentario industrializado y globalizado, dominado por unas pocas corporaciones multinacionales, caracterizado por monocultivos uniformes y ganadería industrializada, y altamente dependientes de recursos no renovables para la producción, transformación y distribución de alimentos. La mayoría de las ciudades y países enteros importan grandes cantidades de alimentos y dependen estrictamente del transporte y la movilidad internacional de los alimentos.

La agroecología ofrece oportunidades para integrar verdaderamente la naturaleza y la agricultura de una manera funcional y mutuamente beneficiosa, sinérgica, en paisajes multifuncionales y resilientes para la naturaleza y las personas (Informe Planeta Vivo, 2018). Al mismo tiempo, la agroecología ofrece también conocimiento y experiencia para diseñar sistemas alimentarios más robustos y resistentes frente a COVID19 y otras posibles crisis futuras (Altieri y Nicholls, 2020). Ya que junto a producir una diversidad de alimentos nutritivos y rendimientos razonables, la agroecología:

– promueve la restauración del paisaje dentro y alrededor de los sistemas agrícolas creando barreras ecológicas que pueden contribuir a contener patógenos;

– promueve sistemas ganaderos alternativos que dependen de operaciones al aire libre que brindan servicios esenciales del ecosistema y aseguran la salud y el bienestar de los animales, fortaleciendo su sistema inmunológico y reduciendo así la necesidad de antibióticos;

– restablece la capacidad productiva y la autosuficiencia de los pequeños agricultores familiares, ofreciendo medios de vida rurales más atractivos que evitan la migración a las ciudades;

– contribuye a la soberanía alimentaria de la población rural y urbana a través de cadenas de valor más cortas y seguras (hoy en día el 50% de los alimentos consumidos, producidos en el 20% de la superficie agrícola);

– proporciona conocimiento y experiencia para el diseño de sistemas de producción urbanos y periurbanos, asegurando el acceso (estratégico) a alimentos frescos, saludables y de bajo kilometraje, que también pueden reforzar el sistema inmunológico de las personas.

La agroecología implica una forma diferente de hacer política, negocios, investigación científica o activismo. Hace un llamamiento a la participación inclusiva, la creación conjunta de conocimiento, sabiduría o valor agregado horizontalmente, democráticamente. El tiempo de la torre de Babel desde la cual los científicos , los agentes de desarrollo o los responsables políticos enuncian sus verdades ha terminado. El tiempo del diagnóstico recurrente de nuestra crisis alimentaria y ambiental también ha pasado.

Todos los conceptos e informes disponibles para describir nuestros problemas, crear conciencia e influir en los responsables políticos (por ejemplo, los Límites Planetarios, el Estado de Inseguridad Alimentaria, la Evaluación de la Biodiversidad del IPBES, etc.) son seguramente necesarios, pero no suficientes. Necesitamos avanzar hacia la acción, hacia un cambio transformador.

Fomentar la agroecología significa un cambio profundo en la forma en que hacemos ciencia, desarrollo, política. Requiere comprometerse con los movimientos sociales que son el vehículo para el cambio transformador. Los científicos preocupados, incluido yo mismo, tenemos que entender que el impacto real no se mide por el número de citas bibliográficas, índices o factores de impacto. El impacto se mide por la capacidad de nuestras palabras y acciones para provocar el cambio.

Hasta ahora, la agroecología se ha expandido lenta pero firmemente y sin mucho apoyo de políticas, gobiernos, corporaciones, organizaciones internacionales, donantes o la academia. La agroecología crece de abajo hacia arriba. Aunemos fuerzas, aportemos, seamos parte del cambio. La actual crisis COVID19 puede ser una oportunidad para repensar nuestras estrategias.

Referencias

Altieri, M.A., Nicholls, C.I. Agroecology and the emergence of a post COVID-19 agriculture. Agric Hum Values (2020). https://doi.org/10.1007/s10460-020-10043-7

Premio para un libro que promueve la conservación del suelo y del agua

La publicación “Manual de buenas prácticas de conservación del suelo y del agua en áreas de secano” fue galardonada por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos con el premio GÆA al Mérito Geográfico por el aporte de información para la preservación de los recursos naturales. Fue editado por el Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua (PROSA) y por el INTA.

El manual tiene por objetivo describir las principales prácticas de manejo del suelo y del agua probadas exitosamente en sistemas de producción agrícola y ganadera. El libro está compuesto por dos tomos con 25 capítulos y más de 1000 páginas, redactadas por 206 especialistas y referentes de instituciones oficiales y privadas del país. Miembros del GIAASP participaron de la publicación en la redacción del Capítulo referido a la Provincia de Río Negro.

El manual describe 214 buenas prácticas recomendadas para las distintas ecorregiones y provincias del país.

“Esta obra demuestra que, en la Argentina, existen los conocimientos y las tecnologías disponibles para desarrollar una producción agropecuaria sustentable” fueron las palabras de Miguel Taboada –director del Instituto de Suelos del INTA–. Por otro lado, al recibir la notificación de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, Roberto Casas –director del PROSA y uno de los editores del libro– expresó “Estamos muy contentos con esta distinción (…) Esta obra pudo plasmarse gracias al compromiso, experticia y aporte desinteresado de los especialistas que, en los distintos rincones del país, trabajan en defensa de nuestros recursos naturales”.

Referencia

Cremona M.V., Enriquez A.S., Ayesa J.A., Siffredi G.L., Aramayo M.V., Izquierdo F.C. Velasco V. y Bran D. 2020. Capítulo: Provincia de Río Negro En: Manual de buenas prácticas de conservación del suelo y del agua en áreas de secano. Tomo I. Editores: Roberto Casas y Francisco Damiano

Los caminos del desarrollo sustentable

¿Qué opiniones se juegan en las discusiones sobre los caminos para un desarrollo sustentable en regiones pastoriles?

Extracto de: Easdale M.H., et al. (2020). Strains in sustanability debates: Traditional ecological knowledge and Western science through the lens of extension agents in a pastoral region. Rural Sociology 85(1): 57-84

Quienes participan en debates sobre los caminos para el desarrollo sustentable de una región coinciden en el potencial que tiene diseñar soluciones basadas en la integración del conocimiento ecológico tradicional (TEK), que poseen por ejemplo los productores, campesinos o familias rurales y los conocimientos científicos. El pastoralismo trashumante es una estrategia de vida adaptada a la variabilidad ambiental y temporal en muchas regiones montañosas y áridas de todo el mundo. Esta forma de sustento se basa en una lógica móvil, ya que las familias y sus rebaños intercalan momentos en los cuales se establecen en zonas bajas durante el invierno (denominadas invernadas), moviéndose a zonas de montaña para aprovechar los pastizales de altura durante el verano (denominadas veranadas).

Este sistema está cada vez más amenazado por los nuevos estilos de vida promovidos desde una mentalidad occidental (moderna y urbana) y por el cambio climático. El objetivo de este trabajo fue identificar y caracterizar las diferentes perspectivas o visiones de profesionales extensionistas y asesores sobre los problemas ambientales y sociales en una región pastoril y su asociación con la colaboración laboral entre ellos, enmarcados en una acción institucional. Abordamos la consulta sobre los puntos de vista con la metodología Q (ver Previte et al., 2007), y la relacionamos con problemas regionales, soluciones alternativas y vías de desarrollo futuras para el pastoreo trashumante y la gestión del paisaje en el noroeste de la Patagonia, Argentina.

Identificamos seis grupos de opinión sobre el tema: a) los Reivindicadores Culturales (o defensores de la actividad trashumante, sus conocimientos y preocupados por mejorar sus condiciones de vida y sus derechos), b) Conservadores Ambientales (o defensores del ambiente y preocupados por la degradación, ponderan las alternativas como la producción Silvopastoril), c) Mediadores (posiciones intermedias entre a y b), d) Pesimistas Apocalípticos (quienes consideran que no hay futuro para la actividad trashumante ni opciones para evitar la degradación), e) Progresistas Productivistas (promueven mejoras en la producción ganadera y en la asistencia del Estado), f) Optimistas de Mercado con Organización Social (valoran la existencia de oportunidades de mercado para productos ganaderos y promueven la organización social para aprovechar dichas oportunidades).

Figura 1: Red de colaboraciones laborales de los agentes de extensión rural en la zona

El análisis de la red de colaboración entre los agentes de extensión registró que las posturas mediadoras se ubicaron en posiciones centrales en la red de colaboraciones laborales, confirmando que tienden puentes para acercar posiciones. De todas maneras, las perspectivas más dominantes fueron las que enfatizan el conocimiento local (Reivindicadores Culturales) y el conocimiento científico (Conservadores Ambientales), aunque registraron una centralidad intermedia en la red. Si bien hubo consenso sobre la necesidad de buscar opciones de desarrollo sustentable en la región, el énfasis en la integración de conocimientos, como camino para dar respuestas a problemas en la región, todavía necesita soluciones convergentes.

Referencias

Previte, J., Pini, B. and Haslam‐McKenzie, F., 2007. Q methodology and rural research. Sociologia Ruralis47(2), pp.135-147.

Enlace para descargar el documento completo:

Los 10 elementos que definen a la agroecología y su evaluación

Pablo Tittonell

(Extraído de: Tittonell, P. 2020. Los 10 elementos que definen a la Agroecología y su evaluación. Actas del Ciclo de Charlas Agroecología: una cuestión de principios. INTA Bordenave. Instagram: intabordenave.agroecologia)

Históricamente, la agroecología ha sido definida a partir de una serie de “principios”. La necesidad de identificar tales principios surgió como una forma de diferenciar claramente al enfoque agroecológico de otros que le son más o menos cercanos, y con los cuales existen numerosas coincidencias y también discrepancias, tales como la agricultura[1] orgánica, la permacultura, la agricultura biodinámica, la agricultura de conservación, la agricultura regenerativa, entre otros. También, y más asiduamente, con la agricultura sostenible o los conceptos de sustentabilidad de los agroecosistemas.

El término agroecología, entendido como el estudio de la ecología de los ecosistemas cultivados y/o intervenidos por el humano para la producción, aparece por primera vez en la década del 1930. Luego aparece en los ´70 asociado a una forma de manejar al sistema productivo, principalmente a escala de la explotación agropecuaria y definido básicamente en términos de prácticas. En los ´80 surge el concepto de agroecología política, asociado al surgimiento de movimientos agroecológicos campesinos y/o a la adopción del término por movimientos y organizaciones sociales preexistentes, fuertemente ligadas a las reivindicaciones de la agricultura familiar. Para mayores detalles sobre esta perspectiva histórica consultar el informe del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, el IIED, compilado por Laura Silici (2014).

Los textos “fundacionales” de lo que conocemos hoy como agroecología aparecen publicados mayormente durante la década del ’90, y dos de los principales exponentes de esta nueva agroecología, a la vez científica, práctica y política en las Américas hispana y anglosajona son Miguel Altieri y Steve Gliessman, ambos catedráticos de la Universidad de California. En sus primeras publicaciones, éstos autores definen a la agroecología como: “El uso de conceptos y principios ecológicos para el diseño y el manejo del agroecosistema”. Revisiones posteriores reemplazaron en la definición el término agroecosistema por el de sistema alimentario.

Los principios ecológicos a los que se referían estos autores en dichas publicaciones eran – si bien presentados con otras palabras – la diversidad, la eficiencia, la regulación natural, las sinergias y el reciclaje (Tittonell, 2014). Revisiones posteriores de la definición de la agroecología, llevadas adelante por éstos mismos autores y por otros, de escuelas más ligadas con las ciencias sociales, enfatizaron la necesidad de incluir principios sociales junto con los ecológicos para definir a la agroecología. Un grupo de la Universidad de Louven en Bélgica incluso publicó un artículo clarificando los principios socioeconómicos de la agroecología (Dumont et al., 2016).

En medio de estos debates, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, abre sus puertas a la agroecología por primera vez en su historia, bajo los auspicios del entonces Director General de la institución Graziano Da Silva (exministro de desarrollo agrario de Brasil durante el primer gobierno de Lula da Silva). En 2014 se organiza el primer simposio internacional de agroecología en la FAO – el autor de este escrito tuvo el honor de abrir el evento con una charla en conjunto con Steve Gliessman (Gliessman y Tittonell, 2015) – apoyado por una serie de países miembros de la FAO, especialmente Francia, pero boicoteado por otros países miembros, tales como Estados Unidos, Canadá, Argentina y Australia.

De los debates e intercambios que tuvieron lugar en aquel simposio, durante su preparación, y en discusiones regionales posteriores (en América Latina, Asia y África) surgió la necesidad de ampliar la definición de la agroecología para incluir a los diferentes aspectos asociados con ella. Se propuso evitar el uso del concepto de ´principios´ y adoptar en cambio la noción de “elementos” asociados a la agroecología. A los cinco elementos mencionados anteriormente se sumaron la co-creación y el intercambio de conocimientos, la resiliencia, los valores humanos y sociales, las culturas y tradiciones alimentarias, la economía circular y solidaria, y la gobernanza responsable.

Screen Shot 2020-04-21 at 11.40.02 AM

El reemplazo de principios por elementos surge en respuesta a que muchos de los principios sociales, tales como la equidad o la co-creación de conocimientos exceden ampliamente al agroecosistema y a la producción agropecuaria, operan a escalas mayores e incluyen una mayor diversidad de actores, vinculados más o menos fuertemente con el agroecosistema. Desde un punto de vista, epistemológico, la noción de elementos responde a una lógica difusa, otorga mayor flexibilidad y matices. Desde un punto de vista operativo, sin embargo, la noción de elementos puede dificultar la identificación y valuación de criterios de evaluación e indicadores.

En respuesta al desafío metodológico de poder utilizar los 10 elementos de la agroecología como criterios e indicadores para monitorear la transición agroecológica, la FAO convocó en octubre de 2018 a representantes de 80 organizaciones del mundo entero trabajando en agroecología, desde la práctica, la ciencia y los movimientos sociales, para diseñar de manera participativa un marco de evaluación para la transición agroecológica (TAPE – FAO 2019).  

El marco de evaluación TAPE responde a la necesidad de generar evidencia concreta acerca de dos preguntas básicas a las que nos enfrentamos con frecuencia en agroecología: (i) ¿cuántos productores agroecológicos hay en el mundo?, y (ii) ¿qué impacto tienen éstos en aspectos claves del desarrollo sostenible como las economías locales y nacionales, la generación de empleos, la conservación de la biodiversidad, la equidad social, la adaptación al cambio climático, la igualdad de oportunidades, etc.? El marco de evaluación de los 10 principios de la agroecología ha sido testeado por primera vez en 2019 en la región Patagonia norte (Argentina) sobre unos 70 casos, y está actualmente siendo testeado en varios países de la región, de Asia y de África.

Referencias

Dumont A.M., Vanloqueren G., Stassart P.M., Baret P.V. 2016. Clarifying the socioeconomic dimensions of agroecology: between principles and practices. Agroecology and Sustainable Food Systems 40(1), 24-47.

FAO, 2019. TAPE Tool for Agroecology Performance Evaluation 2019 – Process of development and guidelines for application. Test version. Rome

Gliessman, S., Tittonell, P., 2015. Agroecology for Food Security and Nutrition. Agroecology and Sustainable Food Systems 39, 131-133.

Tittonell, 2014. Ecological intensification – sustainable by nature. Current Opinion on Environmental Sustainability 8, 53–61

(1) Siguiendo la definición de la FAO, se entiende aquí por “agricultura” a todas las actividades relacionadas con la producción primaria animal y vegetal, exceptuando la pesca.

Herramientas para la enseñanza ecológica en nivel medio

Educando el presente para conquistar el futuro

Nada más acertado que apuntar al estrato más joven de la sociedad para conseguir un cambio de paradigma que derive en la sustentabilidad socio-ambiental. Para ello es clave apoyar a los docentes en el camino de la capacitación y transmisión de conceptos a veces complejos. Entendiendo esto, un grupo de profesionales de la Patagonia, pertenecientes a ocho instituciones comprometidas con la conservación de los recursos naturales, la investigación y la educación se lanzaron en el desafío de realizar un libro dirigido a educadores de nivel medio, abordando específicamente la disciplina de la Restauración Ecológica.

LA RESTAURACIÓN ECOLÓGICA COMO PROYECTO EDUCATIVO. APORTES TEÓRICOS Y LÍNEAS DE ACCIÓN. Editores: Miriam E. Gobbi y Alfonso Aguilar. Editorial: educo – Editorial de la Universidad Nacional del Comahue 2019.

Dos integrantes del IFAB (INTA-CONICET) y miembros del GIAASP, Dra. Andrea Enriquez e Ing. MSC. Victoria Cremona, apoyaron al proyecto contribuyendo con el Capítulo II: “El papel del suelo en la restauración de los ecosistemas“, basado en su experiencia en el campo de las ciencias del suelo, la restauración de los ecosistemas y la educación.

La dinámica de la vegetación no es lineal

Publicación reciente:

Easdale M.H., et al., 2019. Trend-cycles of vegetation dynamics as a tool for land degradation assessment and monitoring. Ecological Indicators 107, 105545.

La degradación de la tierra y la desertificación se encuentran entre los problemas ambientales más relevantes en la mayoría de las regiones áridas y semiáridas del mundo. Los sistemas de monitoreo están en el centro de la demanda para respaldar la toma de decisiones y para la evaluación del impacto de los programas de intervención, como los programas de Lucha contra la Desertificación de las Naciones Unidas. Las metodologías actuales para evaluar la degradación de la tierra están en permanente debate y los esfuerzos se orientan al desarrollo de herramientas operativas precisas dirigidas a grandes regiones, como pueden ser la Patagonia, el Monte o la Puna en Argentina. Sin embargo, todavía faltan enfoques rigurosos y sistemáticos para abordar la dinámica compleja de la productividad de los pastizales áridos y semiáridos.

La información satelital ofrece oportunidades para retornar al pasado a estudiar procesos ecológicos para los cuales no se registraron datos en tierra o fueron costosos de obtener. La degradación de la tierra generalmente se define como una disminución a largo plazo del funcionamiento del ecosistema y la pérdida de productividad causada por la interacción de las perturbaciones humanas y ambientales. Si bien es un proceso complejo, que debe involucrar la evaluación de diferentes dimensiones biofísicas, la pérdida de productividad se puede abordar analizando las tendencias de índices espectrales como el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI, por sus siglas en inglés), un buen estimador de la actividad fotosintética de la vegetación. Sin embargo, la mayoría de los estudios hasta la fecha utilizan tendencias monotónicas o lineales para evaluar la degradación de la tierra. El punto es que las tendencias a largo plazo de la productividad de la vegetación pueden exhibir dinámicas unidireccionales (monotónicas), pero también cíclicas (no monotónicas), incluyendo oscilaciones que pueden durar varios años, las cuales no pueden ser capturadas por las tendencias lineales (ver Easdale et al. 2018).

La Tendencia Cíclica es una propuesta que hemos desarrollado para el análisis de series de tiempo de la productividad, que proporciona información sobre movimientos a largo plazo mientras incluye cambios cíclicos en la dirección subyacente a la serie. Evaluamos los ciclos de tendencia del NDVI en Patagonia (Argentina) como aproximación a la dinámica de la productividad de la vegetación, integrando la tendencia y los ciclos de mediano plazo (> 4 años). Utilizamos imágenes MODIS entre los años 2000 y mediados de 2018. Los resultados muestran que los ciclos de tendencia explicaron una porción significativa de la información temporal total (que alcanzó casi el 20%), de la cual la mayoría de los patrones se explicaron por un comportamiento no monotónico (o sea cíclico). Se identificaron cinco patrones principales en la dinámica de la vegetación: Decrecimiento (0,1% del área), Incremento (0,6%), Recuperación (48,8%), Recaída (36,8%) y Sin Tendencia-Cíclica (13,8%). Contrariamente a lo que generalmente se ve en la literatura, los patrones lineales y particularmente las tendencias decrecientes se registraron marginalmente en los últimos 18 años de registros de NDVI en la Patagonia. En cambio, la mayor proporción del área se clasificó como recuperación inicial o avanzada y patrones iniciales de recaída, que se refieren a las fases de un comportamiento cíclico. Estos resultados enfatizan la necesidad de revisar la conceptualización de la evaluación de la degradación de la tierra por medio del uso de información satelital, y en particular, revisar críticamente la capacidad de las tendencias lineales para reflejar la dinámica de la vegetación. Finalmente, proponemos el uso potencial de la Tendencia Cíclica como una herramienta para monitorear evaluar la dinámica de la vegetación en programas orientados a neutralizar la degradación de la tierra.

Primera Maestría en Agroecología acreditada por CONEAU

Tenemos el orgullo de anunciar el lanzamiento de la primera Maestría en Agroecología desarrollada por la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias de Bariloche (IFAB: INTA-CONICET). El programa de maestría ha sido acreditado por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) del Ministerio de Educación de Argentina, y será dictado en su mayor parte por docentes del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRNAD) de la UNRN y del Grupo Interdisciplinario de Agroecología, Ambiente y Sistemas de Producción (GIAASP) del IFAB: INTA-CONICET.

Estructura

La carrera se estructura en dos ciclos, obligatorio y electivo, de forma tal de poder garantizar una formación obligatoria y común a todos los maestrandos en las bases epistemológicas de la agroecología, en la metodología de evaluación y planificación de los procesos de transición agroecológica y en las herramientas de investigación propias de este campo de conocimiento (ver Anexos).

La maestría totaliza 716 horas y está organizada en cuatro períodos de cuatro meses (cuatrimestres) de cursado en los que se desarrollan Seminarios, Cursos y Talleres de 556 horas de formación. Estas instancias deberán ser aprobadas para poder realizar la tesis y su posterior defensa, lo que equivale a 160 horas.

Inscripción

El inicio de la primera cohorte tendría lugar en marzo del 2020. Les agradecemos tengan a bien distribuir y promocionar lo mas ampliamente posible el posgrado y soliciten a los eventuales interesados el pronto envío de la siguiente documentación en copias escaneadas al email de la Dirección de Posgrado de la UNRN (posgrado.andina@unrn.edu.ar), a fin de realizar una preinscripción y evaluar las postulaciones:
– Ficha de inscripción
– Copia del Título de formación de grado (o certificado de título en trámite o Certificado Analítico)
– Copia del CV

El costo de la maestría (24 meses) será de 20 cuotas de $4000 ajustadas a futuro por la evolución salarial.

Información, consultas e inscripciones: posgrado.andina@unrn.edu.ar

Anexos

Carrera de Postgrado Maestria en Agroecología_UNRN-INTA

FICHA INSCRIPCION POSGRADO UNRN 2019

 

Dolores de cabeza para Bayer

En base a una investigación periodística de Tom Philpott

Paradójicamente, los inventores de la aspirina no paran de sufrir dolores de cabeza desde que adquirieran al gigante de Monsanto el año pasado. Esta entrada resume los principales rasgos de los fallos de la justicia de California, Estados Unidos en contra de la empresa en juicios recientes relacionados con casos de Linfoma no Hodkigniano, que encontrarían en el uso del glifosato su principal origen. Incluimos aquí también los links a las notas originales del periodista en la revista de investigación Mother Jones y a las fuentes de evidencia científica que sustentan estos fallos.  

Los juicios

El miércoles 27 de marzo, el gigante químico alemán Bayer sufrió otra costosa derrota legal relacionada con Monsanto, luego de que un jurado de la Corte de Distrito de San Francisco en los Estados Unidos le otorgara al demandante Edward Hardeman 80.3 millones de us$, incluidos 75 millones en daños, luego de decidir que el uso del herbicida Roundup (glifosato) de Monsanto había causado su caso de linfoma no Hodgkiniano. El juez del distrito, Vince Chhabria, declaró que se trata de un caso “líder”, lo que significa que brinda a los abogados de los demandantes y de los demandados la oportunidad de probar sus argumentos y configurar sus estrategias para otros litigios; actualmente hay 1,600 casos de cáncer relacionados con el glifosato que esperan ser atendidos por el tribunal federal del Distrito Norte de California.

El jueves 28 de marzo se abrió otro juicio sobre glifosato en el Tribunal Superior de California en el que los demandantes, una pareja, afirman que la exposición de largo plazo al herbicida Roundup hizo que ambos desarrollaran un linfoma no Hodgkinano. El suyo es el primero de más de 250 casos de cáncer contra Roundup ya consolidadas por este Tribunal.

En la primera parte del juicio de Hardeman, que concluyó el 18 de marzo, el jurado dictaminó que el demandante demostró mediante evidencia que su exposición a Roundup fue un “factor importante” para causar su linfoma no Hodgkiniano (más información sobre las pruebas puede encontrarse aquí). En la segunda fase, se pidió al mismo jurado que decidiera si Hardeman había demostrado que Roundup es un producto “defectuoso”, que “carece de advertencias suficientes sobre el riesgo de linfoma no Hodgkiniano” y que “Monsanto fue negligente al no usar el cuidado razonable para advertir sobre este riesgo en la etiqueta del Roundup”. El jurado falló a favor de Hardeman sobre los tres.

En una declaración del miércoles por la tarde, Bayer prometió apelar el veredicto, y agregó que “estamos decepcionados con la decisión del jurado, pero este veredicto no cambia el peso de más de cuatro décadas de ciencia extensa y las conclusiones de los reguladores de todo el mundo que apoyan la seguridad de nuestros herbicidas a base de glifosato, que no son cancerígenos”.

Poder de lobby vs. evidencia científica

Las principales agencias reguladoras en los Estados Unidos y Canadá han llegado a la conclusión de que el glifosato no es carcinógeno. Sin embargo, la sustancia continua bajo escrutinio. Apenas unas semanas antes del inicio del juicio de Hardeman, varios investigadores que una vez formaron parte de un panel del gobierno que evaluó la seguridad del glifosato, publicaron un nuevo estudio que sugiere que las personas expuestas a grandes dosis del químico tienen un mayor riesgo de desarrollar linfoma no Hodgkiniano. Dos de los testigos expertos en el caso Hardeman citaron el estudio durante su testimonio (acceder a la publicación).

Los investigadores realizaron un metanálisis de la investigación epidemiológica sobre el glifosato y el linfoma no Hodgkiniano. En un metanálisis, los científicos combinan y analizan datos de varios estudios y buscan tendencias generales en la investigación publicada a la fecha. El equipo encontró un “vínculo convincente” entre la exposición a herbicidas basados en glifosato y el linfoma no Hodgkiniano. El estudio concluyó que las personas expuestas al glifosato en los niveles más altos tienen un riesgo 41 por ciento más alto de contraer linfoma no Hodgkiniano que las personas que no lo son, una medida conocida como “riesgo relativo” en epidemiología.

Rachel Shaffer, coautora del artículo y estudiante de doctorado en toxicología ambiental en la Universidad de Washington, puso ese número en contexto en una publicación de blog: los resultados sugieren que las personas que están altamente expuestas al glifosato tienen un riesgo de aproximadamente 2.8 por ciento de la contratación de linfoma no Hodgkiniano, frente a alrededor del 2 por ciento para la población general.

Una portavoz de Bayer disputó abiertamente los hallazgos del estudio, escribiendo en un comunicado enviado por correo electrónico que no contiene “evidencia científica válida que contradiga las conclusiones del extenso cuerpo de ciencia que demuestra que los herbicidas basados ​​en glifosato no son cancerígenos”. Las agencias, entre ellas la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU., Health Canada y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, han llegado a la conclusión de que es poco probable que el glifosato cause cáncer y continúan permitiendo su uso generalizado. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud, por otro lado, decidió en 2015 que el glifosato es “probablemente carcinogénico para los seres humanos”. Ese hallazgo provocó acusaciones de que la IARC había llegado a esa conclusión al ignorar intencionalmente la investigación no publicada hasta entonces que podría haber exonerado al Glifosato. La IARC rechazó esas acusaciones.

Pérdidas económicas

El precio de las acciones de Bayer se ha desplomado casi un 25 por ciento desde el veredicto de la primera fase el 18 de marzo, y en más del 40 por ciento desde mediados de agosto de 2018, cuando un jurado del Tribunal Superior de California otorgó a la jardinera de escuela Dewayne Johnson 289 millones de us$ en daños después de decidir que la exposición al glifmsato había provocado su linfoma no Hodgkininano. (Más tarde se redujo a 78 millones, aproximadamente igual a los daños decididos en el caso Hardeman).

En general, desde que finalizó su acuerdo para comprar Monsanto en junio de 2018, Bayer ha visto caer su valoración de mercado de alrededor de 100 mil millones de dólares a un estimado de 60 mil millones, según cálculos de Jonas Oxgaard, un analista que cubre la industria química para la corredora Bernstein.

En respuesta a la decisión del miércoles, el gobierno de Vietnam anunció una prohibición de las importaciones de herbicidas a base de glifosato.

Si los jurados siguen decidiendo en contra de Bayer, la compañía enfrentará pérdidas catastróficas. Según el Wall Street Journal, Bayer aún enfrenta demandas de 11,200 agricultores, jardineros y otros usuarios de Roundup. Si cerca de 750 de ellos alcanzan el nivel de los 75 a 80 millones de dólares otorgados a Hardeman y Johnson, los pagos totales se acercarían a 60 mil millones de dólares, equivalente a la actual valoración de mercado de Bayer.