Alerta máxima en Chubut

Democracia en peligro y Ecocidio en puerta

Por Luciana Laborda¹, Valeria Álvarez¹ y Gimena Vilardo².

Megaminería, ¿sí o no?

En la Patagonia Argentina, legisladores de la Provincia del Chubut rechazaron la (segunda) Iniciativa Popular contra la minería metalífera a gran escala con uso de sustancias tóxicas. El Proyecto 129/20 presentado por el pueblo con 30.916 firmas (juntadas en 100 días en plena pandemia del año 2020) fue rechazado  en la Cámara de Diputados con 13 votos en contra, 12 a favor y 2 abstenciones en un trámite express, vía remota y sin audiencia.

¿Qué es una ‘Iniciativa Popular’? Herramienta de democracia semi-directa avalada por la Constitución Provincial que permite a la ciudadanía presentar proyectos de ley reuniendo la firma de al menos el 3% del padrón electoral

Mientras tanto, el gobernador provincial Mariano Arcioni, quien asumió su gobierno a través de una fuerte campaña anti-megaminería, presentó un proyecto en sentido inverso (Proyecto 128/20), propiciándola en los departamentos de Gastre y Telsen donde se encuentran yacimientos de Plata y Uranio.

La situación de Chubut en números. El área concesionada a la megaminería representa más de dos veces la superficie de la provincia de Tucumán.

Historia de lucha

Chubut es un ejemplo de lucha contra la megaminería a nivel continental. Por 20 años ha defendido el agua y la vida impidiendo este extractivismo. Algunos momentos clave:

2001: la multinacional Meridian Gold –EE.UU. y Canadá– invade una comunidad mapuche buscando oro y otros minerales. Tras protestas en la ciudad de Esquel se conforma el movimiento «No a la mina».

2003: se sanciona la Ley 5001 (actual XVII-Nº 68) que prohíbe megaminería a cielo abierto con uso de cianuro. Sin embargo, la ley deja una opción para la ‘zonificación’ habilitando ciertas zonas. A la fecha no se han definido esas zonas.

2014: la Unión de Asambleas de Comunidades de Chubut (UACCh) presenta un proyecto de ley por Iniciativa Popular para prohibir la megaminería en toda la provincia (13 mil firmas). Los diputados la aprueban (Ley N° 075/14) pero previamente la transforman –cediendo a intereses privados y en torno a una situación de soborno aun no esclarecida en la justicia–. Dicha transformación otorga derechos para la explotación metalífera a gran escala y con utilización de sustancias tóxicas en ciertas zonas de la provincia. En paralelo, el gobierno presenta Plan de Desarrollo Comarcal de la Meseta Central del Chubut para la extracción de Plata y Uranio.

2015: el gobernador Mario Das Neves deroga la Ley N° 075/14 retornando a su estado original.

2017: Mariano Arcioni asume como gobernador y presiona por la zonificación.

El proyecto de zonificación comprende cerca del 75% de la cuenca del Río Chubut, fuente de agua del 50% de la población de la provincia. Además, es importante remarcar que la naciente del Río Chubut se encuentra en la provincia de Río Negro, cuya cuenca se encuentra en una zona habilitada para la actividad extractiva minera.

2020: se presenta un nuevo proyecto por Iniciativa Popular, fallados los intentos por que se trate el primero. Junto a éste, el gobierno provincial presenta otro instando a la zonificación en la meseta patagónica. El diputado Sebastián López fue grabado por una cámara oculta pidiendo sobornos para posicionarse a favor de la minería.

2021: el 6 de mayo se rechaza la iniciativa popular (con Sebastián López votando a favor de la minería). De esta manera, estaría el camino allanado para avanzar con el proyecto de zonificación y la consecuente megaminería de Plata y Uranio en la Meseta Central de Chubut.

¿Desarrollo? ¿Hacia dónde? ¿Para quién? Una opinión personal…

En una provincia mega-endeudada y en crisis socioeconómica grave, ¿será un ‘crecimiento’ extractivista la mejor opción para reencauzar su economía a largo plazo, poniendo en riesgo a los ecosistemas y al agua potable del único río que atraviesa la provincia, teniendo en cuenta que la mayor parte del territorio tiene un clima árido y semiárido? ¿A qué costo vamos a permitir que las trasnacionales se lleven los minerales en bruto, sin valor agregado local, mientras lxs políticxs de turno se enriquecen? ¿Puede considerarse al Proyecto Navidad como una esperanza para la provincia, a través de la extracción de 7,5 millones de onzas de plata anuales durante 17 años, pero con sólo 2000 empleos vinculados y 800 directos generados? ¿O la extracción de Uranio con una inversión prevista de 250 millones de dólares y solo 500 empleos? Esto, sabiendo que son actividades mundialmente conocidas por los estragos que producen y que no cuentan con garantías reales de sustentabilidad.

En Chubut EXISTEN alternativas a la megaminería que responden directamente a los intereses y posibilidades de acción de las poblaciones locales –que no perjudican al medio ambiente ni a la sociedad y contribuyen a la diversificación productiva–, pero la falta de voluntad política, creatividad e idoneidad dificulta que se desarrollen con más éxito. En la provincia se supo cultivar trigo y había molinos harineros, y hubieron trenes que permitían el transporte de la producción y sus habitantes. Hoy se cultiva alfalfa,  frutas finas, hortalizas, vides, olivos. Se crían ovejas, cabras, vacas, cerdos, truchas y erizos de mar. Hay apicultura de excelente calidad. Muchas de estas iniciativas son de base agroecológica, lo que permite integrarlas además con una actividad turística con alto valor ecológico y cultural, nacional e internacional, mucho más sustentables en el largo plazo que las actividades extractivas.

También se realizan en la provincia la pesca recreativa, náutica y buceo de excelente calidad. Se cuenta con un centro de esquí invernal y con uno de los sitios de escalada más importantes del mundo: Piedra Parada. La provincia presenta regiones de alto interés para la conservación de la naturaleza repartidas entre sus 2 Parques Nacionales y 14 Áreas Naturales Protegidas, como un bosque petrificado y la colonia continental de pingüinos de Magallanes más grande del mundo: Punta Tombo. Es escenario de uno de los fenómenos naturales más espectaculares, que convoca a fotógrafos, documentalistas, científicos y turistas de todo el mundo: el avistaje de orcas y ballenas desde la costa. Hay guanacos, maras, ñandúes; artesanías en lana y madera. En Chubut se han encontrado múltiples fósiles de dinosaurios, entre ellos el más grande del mundo: Patagotitan mayorum. Además, dio lugar a una de las únicas colonizaciones pacíficas del mundo, la colonización galesa, presente en su cultura en especial en los valles del río, en su arquitectura urbana y gastronomía local. Hay fuertes y constantes vientos y gran radiación solar para desarrollar energías renovables. Hay industrias en desarrollo como la cervecera y otras en decadencia como la textil. La provincia tiene puertos de aguas profundas con potencial para la bioeconomía basada en los productos del mar.

Con todo esto, ¿vamos a seguir exportando materia en bruto, tal como se ha venido haciendo con la lana no lavada que exportamos desde hace 200 años? ¿vamos a generar 3300 empleos por 17 años y seguir apostando a una economía basada en empleadxs públicos potenciando el modelo actual, con una posible escasez absoluta de agua potable y sana? En medio de una pandemia mundial que podría hacernos reflexionar –al menos– sobre nuestras conductas extractivistas y de consumo, ¿se lo sigue proponiendo como alternativa? Los ecosistemas del Río Chubut, los territorios ancestrales de los pueblos originarios y la vida de las personas están en peligro. El supuesto ‘progreso’ extractivista minero solo trae pobreza y muerte al pueblo. El pueblo chubutense lo sabe y no hay licencia social. Como dijo un poblador de la meseta «se termina el agua y se termina todo».

Leer más:

Gobierno nacional y garantías de ‘minería sustentable’: Alberto Gensel –actual secretario de Minería de la Nación– trabajaba para gobierno de San Juan cuyos tratos con Barrick Gold (Canadá) dieron como resultado la explotación de la mina Veladero: la más grande de Argentina y de las más importantes del mundo. Con años de múltiples derrames de miles de litros de cianuro sobre el Río Potrerillos. Nadie de la empresa fue condenado. La gente no tiene agua para beber ni para sus cultivos hace años.

ZONIFICACIÓN MINERA EN CHUBUT: UNA MIRADA INTERDISCIPLINARIA (2021). Mesa de Coordinación Técnica sobre Zonificación Minera, CCT CONICET-CENPAT.

HABLEMOS DE MEGAMINERÍA. Unión de Asambleas Ciudadanas Chubutenses (UACCH)

The impact of Canadian Mining in Latin America and Canada’s Responsibility Executive Summary of the Report submitted to the Inter-American Commission on Human Rights. Working Group on Mining and Human Rights in Latin America.

¹ Grupo Interdisciplinario de Investigación/Extensión en Agroecología, Ambiente y Sistemas de Producción. IFAB INTA-CONICET.

² Grupo de Ecología de Poblaciones de Insectos. IFAB INTA-CONICET.

Respuesta de la agricultura familiar y el movimiento agroecológico frente al COVID-19

En América Latina, el así llamado ‘sector informal’ asociado a la agricultura familiar y los movimientos agroecológicos fue fundamental para enfrentar y adaptarse a los desafíos de la pandemia de COVID-19. A los pocos meses de iniciada la pandemia organizamos un proceso de investigación para evaluar la naturaleza y alcance de las iniciativas tempranas (primeros tres meses) desplegadas por este sector informal para enfrentar y adaptarse a los impactos de la pandemia de COVID-19 en la producción y consumo de alimentos en varios países de America Latina.

La información fue recabada a través de la consulta a informantes clave (n = 168), una encuesta en línea (n = 125) y la caracterización detallada de estudios de casos regionales (n = 4). Los datos obtenidos, mayormente textuales, se analizaron y categorizaron para identificar patrones de respuesta (utilizando el método de Reinert, combinado con un análisis de similitud, para que le interese saber).

El 65% de las iniciativas identificadas fueron “locales” en términos de alcance geográfico, el 30% de ellas comenzaron dentro del primer mes después de la pandemia y la mayoría de ellas fueron urbanas o urbano-rurales, mientras que solo el 29% de ellas fueron exclusivamente rurales.

Cuatro tipos de iniciativas

El análisis de la información textual capturada a través de la encuesta reveló cuatro tipos principales de iniciativas que se implementaron o adaptaron en respuesta a COVID-19:

1. Ventas directas de alimentos del productor al consumidor, generalmente existentes antes de la crisis del COVID-19 pero adaptadas / fortalecidas para enfrentar la pandemia;

2. Cadenas de valor cortas que vinculen a organizaciones e individuos rurales y urbanos apoyados por gobiernos nacionales o locales, readaptados a través de nuevos protocolos de salud y seguridad;

3. Programas de apoyo y capacitación recientemente desarrollados sobre producción sostenible de alimentos para el autoconsumo o el comercio local, en entornos rurales, urbanos o periurbanos;

4. Iniciativas de asistencia y ayuda alimentaria enfocadas a poblaciones vulnerables, apoyándose en redes de solidaridad asociadas al movimiento agroecológico.

Reflexiones

La pandemia destacó el papel clave que juegan los sistemas alimentarios y las cadenas de valor locales y la necesidad de fortalecerlos a través de políticas públicas, como una forma de construir resiliencia alimentaria en tiempos de crisis. Nuestro análisis reveló algunas características clave de los sistemas alimentarios locales que fueron esenciales para superar esta y otras posibles crisis:

– La preexistencia de organizaciones e instituciones sociales (por ejemplo, el movimiento agroecológico, los sindicatos de agricultores, las organizaciones de consumidores, etc.) y su capacidad para hacer frente y re-orientarse ante una crisis;

– El funcionamiento de canales de mercado alternativos que fueron fundamentales en su respuesta temprana a las restricciones a la movilidad y los nuevos protocolos de seguridad impuestos por la pandemia (por ejemplo, los mercados frescos locales, las ventas en línea, la entrega de alimentos, etc.)

– El papel que pueden desempeñar las redes sociales y las herramientas en línea para conectar a las personas (productores y consumidores, redes, cadenas de valor cortas, etc.) y los consiguientes beneficios de la alfabetización generalizada en tecnologías de la información;

– El apoyo brindado por los gobiernos, de los locales a los nacionales, a las iniciativas existentes en los campos de la agricultura familiar y la agroecología, previamente vistas como alternativas marginales, incluso a veces opuestas a sus puntos de vista y políticas;

– La conciencia y la participación cada vez mayor de los consumidores urbanos en los sistemas alimentarios locales, reconociendo su naturaleza esencial y su contribución a su salud y bienestar.

Estos representan importantes resultados de aprendizaje para delinear estrategias que mejoren la preparación y la resiliencia de las sociedades ante amenazas futuras, o para aportar ideas para una recuperación y reconstrucción exitosa en situaciones en las que estos mecanismos aún no existen. Lecciones clave para informar la formulación de políticas.

La Agricultura Familiar

La columna vertebral de la mayoría de las respuestas a COVID-19 identificadas en este estudio fue la existencia de sistemas agrícolas altamente dinámicos, biodiversos y adaptables asociados con la agricultura familiar en América Latina. En particular, los sistemas agrícolas ubicados en ‘cinturones verdes’ periurbanos alrededor de ciudades, grandes y pequeñas, para la producción de alimentos frescos (y otros servicios de los ecosistemas) jugaron un papel crucial en el desarrollo de nuevos productores-consumidores, entrega de alimentos y comercialización de cadena corta. La flexibilidad exhibida por las áreas rurales y sus sistemas de producción, en gran medida independientes de los mercados internacionales, fue también un elemento clave de resiliencia y adaptabilidad frente al COVID-19.

La pandemia de COVID-19 contribuyó a conectar a las personas con los alimentos, las personas con la agricultura y las personas con las personas. En virtud de esto, la crisis mundial de COVID-19 aún no es una crisis alimentaria mundial. Pero la amenaza no ha terminado. No dejemos que el mercado especule. Hay suficiente comida para todos en todo el mundo. Aprovechemos esta oportunidad y la lección aprendida durante la pandemia para cambiar las reglas del juego en nuestro sistema alimentario global y local.

Para acceder a la publicación: https://authors.elsevier.com/a/1chvu,70zHjdf0

Tittonell, P., M. Fernandez, V.E. El Mujtar, P.V. Preiss, S. Sarapura, L. Laborda, M.A. Mendonça, V.E. Alvarez, G.B. Fernandes, P. Petersen, I.M. Cardoso, 2021. Emerging responses to the COVID-19 crisis from family farming and the agroecology movement in Latin America – A rediscovery of food, farmers and collective action. Agricultural Systems 190, 103098, https://doi.org/10.1016/j.agsy.2021.103098.

Sinergia: elemento central de la Agroecología

Pablo Tittonell

(texto extraído de la serie de charlas: ‘Agroecología una cuestión de Principios’, INTA Bordenave, Argentina)

Desde un punto de vista sistémico las sinergias representan relaciones ‘más que aditivas’ entre dos o más factores. En otras palabras, uno mas uno es más que dos, dos mas uno es más que tres, y así sucesivamente. Las sinergias pueden ser asimiladas en algunos casos a lo que en estadística llamamos interacciones positivas, pero no siempre es el caso, ya que no toda interacción positiva representa una sinergia. Pero en lugar de hablar de cómo medir sinergias (ver p.ej. Tittonell., 2013), quisiera destacar aquí tres aspectos.

En primer lugar, que dentro de los 10 elementos que definen a la agroecología las sinergias ocupan un lugar diferente a los demás elementos (de hecho, toman un lugar central en las gráficas) ya que pueden ser expresadas en función de los otros nueve elementos; así, es posible observar sinergias entre la eficiencia y la diversidad, por ejemplo, o entre la gobernanza y los valores humanos y sociales, o entre la economía solidaria y el reciclaje. Las sinergias, en tal sentido, aparecen como un meta-elemento, capaz de integrar a los otros nueve (Figura 1).

Figura 1: Relación entre los 10 elementos que definen a la Agroecología (FAO, 2018)

En segundo lugar, que existen, en mi opinión, dos formas de definir a las sinergias: de manera objetiva o subjetiva. Las sinergias objetivas son aquellas que existen en el medio natural independientemente de que las observemos o no, de que las utilicemos o no, de que las propiciemos con nuestro manejo o no. El mutualismo, la simbiosis, son ejemplos de sinergias en la naturaleza que existen desde que existe la vida en la tierra y que pueden ser caracterizadas, medidas y hasta manejadas en función de nuestros objetivos de producción. Las sinergias subjetivas en cambio son aquellas que surgen de una construcción intelectual humana, de una valoración de los procesos que tienen lugar en el socio-ecosistema en función de nuestros objetivos. Por ejemplo, la introducción de cultivos de cobertura que permitan capturar el exceso de nutrientes en el invierno, generar biomasa que aporte carbono al suelo, crear condiciones para el refugio y la alimentación de organismos benéficos, reducir la erosión hídrica o eólica protegiendo al suelo, usar el exceso de agua del suelo para evitar inundaciones en zonas húmedas, competir con las malezas y en el caso de leguminosas fijar N atmosférico, etc. Todos estos son procesos ‘utilitarios’, que responden a nuestros objetivos productivos, que permiten reducir costos de producción a la vez de reducir el impacto ambiental de la agricultura, es decir, una situación claramente sinérgica. Sin embargo, en ausencia de una valoración humana, antropocéntrica, tales relaciones carecerían de sentido .

Sinergias y Compromisos

En tercer lugar, es prácticamente imposible definir o incluso medir sinergias sin considerar al mismo tiempo su resultado antagónico: los compromisos, contraprestaciones o tensiones entre objetivos, conocidos como trade-offs en la literatura internacional. De hecho, las mismas herramientas que se pueden utilizar para medir sinergias se utilizan – y fueron desarrolladas – para evaluar compromisos entre objetivos. Esto se ilustra en la Figura 2a, que representa a dos objetivos encontrados, por ejemplo, la producción ganadera y la conservación de la vegetación nativa en un ecosistema de bosque. El objetivo A podría estar medido en términos de producción de carne por hectárea año, y el objetivo B en términos de la densidad de renovales de especies leñosas de interés. Si la relación entre ambos objetivos es substitutiva, ellos son prácticamente mutuamente excluyentes. Si la relación es complementaria, existiría un rango de productividad (hasta A1) en el que la pérdida de renovales no es tan elevada (B1’’), mas allá del cual la misma se agrava aceleradamente.

Figura 2. Ejemplos de sinergias y compromisos. (a) Los objetivos A y B son opuestos, pero su relación inversa puede ser sustitutiva o complementaria. De acuerdo a esto, para un mismo nivel de satisfacción del objetivo A (A1) el nivel de satisfacción del objetivo B puede ser B1’, B1, o B1’’ (de sustitución a complementariedad). Una sinergia representa un nivel aun mayor del objetivo A (A2) manteniendo el alto nivel de satisfacción de B (B1’’) o incluso mayor en ciertos casos. Adaptado de Tittonell (2013) (b) Un ejemplo proveniente del proyecto EULACIAS en sistemas hortícolas-ganaderos en Uruguay, donde en dos estudios de caso (Farm 1 y Farm 2) se observo a lo largo del proyecto una reducción de la erosión del suelo y un aumento de los ingresos familiares (de inicial a actual), y donde se calculo mediante modelos que estos aumentos podrían continuar sin comprometer el recurso suelo (de actual a potencial). Adaptado de Dogliotti et al., 2014.

Una sinergia podría ser por ejemplo, encontrar una forma de manejo del ganado que permita aumentar la producción, ya sea mediante aumento de la carga animal o de la productividad por animal, o ambas, a la vez de mantener la densidad de renovales forestales por encima del umbral B1”. Si esto fuera posible, se estaría transitando desde un compromiso a una sinergia, desde un ciclo vicioso a uno virtuoso. Tal es el caso de lo ocurrido durante un proyecto de co-innovación en horticultura en Uruguay (Figura 2b), donde fue posible disminuir la erosión del suelo y aumentar los ingresos familiares al mismo tiempo (cuando en general se asumía que la pérdida de suelos era un ‘costo necesario’ de la horticultura qua había que asumir).

Diferentes miradas

Finalmente, y de lleno en las sinergias subjetivas, es importante considerar la diversidad de actores interesados en tales relaciones. Por ejemplo, promover medidas de manejo que aumenten la necesidad de mano de obra en la explotación puede ser visto como un compromiso para el productor, que prefiere o necesita bajar costos, pero puede ser visto como una oportunidad para generar empleos rurales para un decisor político. Es decir que la misma relación puede ser vista como compromiso o sinergia por diferentes actores.

Referencias
Tittonell, P., 2013. Towards ecologically intensive smallholder farming systems. Design, scales and tradeoffs evaluation. In: Vanlauwe et al. (eds.) Agro-ecological Intensification of Agricultural Systems in the African Highlands, Earthscan, Rutledge, Oxon, p. 132-144.
Dogliotti, S., García, M.C., Peluffo, S., Dieste, J.P., Pedemonte, A.J., Bacigalupe, G.F., Scarlato, M., Alliaume, F., Alvarez, J., Chiappe, M., Rossing, W.A.H., 2014. Co-innovation of family farm systems: A systems approach to sustainable agriculture. Agricultural Systems 126.

Encuesta sobre la respuesta de la agroecología y la agricultura familiar frente a la pandemia de COVID19

Los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología reaccionaron rápidamente para aliviar las amenazas al sistema agroalimentario asociadas con la pandemia de COVID19. ¿Cuántos fueron, donde tuvieron lugar, a cuántas familias productoras o consumidoras, urbanas or rurales, beneficiaron estas iniciativas?

Son éstas las preguntas que nos proponemos poder responser y para ello, el Giaasp junto con una red amplia de colaboradores de América Latina, está lanzando una encuesta online para documentar y sistematizar la información sobre las iniciativas que surgieron desde los movimientos de la agricultura familiar y la agroecología en respuesta a la pandemia de COVID19 y sus múltiples impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional. En este link podrán acceder a la encuesta online y completarla:

Link a la encuesta online

Por favor no dudar en difundirla entre sus colegas, colaboradores y redes que sean de su conocimiento, y que contribuyan o hayan contribuido a generar respuestas formales o informales.

Muchas gracias!

más información: fernandez.manuela@inta.gob.ar

 

Será la COVID19 el puntapié necesario para repensar nuestro sistema agroalimentario?

Pablo Tittonell

(texto en preparación para el Informe Planeta Vivo 2020, WWF)

Nuestro sistema alimentario actual enfrenta muchos desafíos para mantenernos alimentados durante la pandemias de COVID-19. Al restringir la movilidad, el comercio internacional y el transporte, la crisis de la COVID-19 socava gravemente uno de los pilares clave de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos. Dependiendo de cuánto durará esta crisis y las restricciones asociadas a la movilidad de bienes y personas, otros componentes de la seguridad alimentaria, a saber, la disponibilidad, la estabilidad y la utilización de los alimentos también se verán gravemente afectados. Las pandemias de COVID19 revelaron, o más bien destacaron, la debilidad de nuestro sistema alimentario industrializado y globalizado, dominado por unas pocas corporaciones multinacionales, caracterizado por monocultivos uniformes y ganadería industrializada, y altamente dependientes de recursos no renovables para la producción, transformación y distribución de alimentos. La mayoría de las ciudades y países enteros importan grandes cantidades de alimentos y dependen estrictamente del transporte y la movilidad internacional de los alimentos.

La agroecología ofrece oportunidades para integrar verdaderamente la naturaleza y la agricultura de una manera funcional y mutuamente beneficiosa, sinérgica, en paisajes multifuncionales y resilientes para la naturaleza y las personas (Informe Planeta Vivo, 2018). Al mismo tiempo, la agroecología ofrece también conocimiento y experiencia para diseñar sistemas alimentarios más robustos y resistentes frente a COVID19 y otras posibles crisis futuras (Altieri y Nicholls, 2020). Ya que junto a producir una diversidad de alimentos nutritivos y rendimientos razonables, la agroecología:

– promueve la restauración del paisaje dentro y alrededor de los sistemas agrícolas creando barreras ecológicas que pueden contribuir a contener patógenos;

– promueve sistemas ganaderos alternativos que dependen de operaciones al aire libre que brindan servicios esenciales del ecosistema y aseguran la salud y el bienestar de los animales, fortaleciendo su sistema inmunológico y reduciendo así la necesidad de antibióticos;

– restablece la capacidad productiva y la autosuficiencia de los pequeños agricultores familiares, ofreciendo medios de vida rurales más atractivos que evitan la migración a las ciudades;

– contribuye a la soberanía alimentaria de la población rural y urbana a través de cadenas de valor más cortas y seguras (hoy en día el 50% de los alimentos consumidos, producidos en el 20% de la superficie agrícola);

– proporciona conocimiento y experiencia para el diseño de sistemas de producción urbanos y periurbanos, asegurando el acceso (estratégico) a alimentos frescos, saludables y de bajo kilometraje, que también pueden reforzar el sistema inmunológico de las personas.

La agroecología implica una forma diferente de hacer política, negocios, investigación científica o activismo. Hace un llamamiento a la participación inclusiva, la creación conjunta de conocimiento, sabiduría o valor agregado horizontalmente, democráticamente. El tiempo de la torre de Babel desde la cual los científicos , los agentes de desarrollo o los responsables políticos enuncian sus verdades ha terminado. El tiempo del diagnóstico recurrente de nuestra crisis alimentaria y ambiental también ha pasado.

Todos los conceptos e informes disponibles para describir nuestros problemas, crear conciencia e influir en los responsables políticos (por ejemplo, los Límites Planetarios, el Estado de Inseguridad Alimentaria, la Evaluación de la Biodiversidad del IPBES, etc.) son seguramente necesarios, pero no suficientes. Necesitamos avanzar hacia la acción, hacia un cambio transformador.

Fomentar la agroecología significa un cambio profundo en la forma en que hacemos ciencia, desarrollo, política. Requiere comprometerse con los movimientos sociales que son el vehículo para el cambio transformador. Los científicos preocupados, incluido yo mismo, tenemos que entender que el impacto real no se mide por el número de citas bibliográficas, índices o factores de impacto. El impacto se mide por la capacidad de nuestras palabras y acciones para provocar el cambio.

Hasta ahora, la agroecología se ha expandido lenta pero firmemente y sin mucho apoyo de políticas, gobiernos, corporaciones, organizaciones internacionales, donantes o la academia. La agroecología crece de abajo hacia arriba. Aunemos fuerzas, aportemos, seamos parte del cambio. La actual crisis COVID19 puede ser una oportunidad para repensar nuestras estrategias.

Referencias

Altieri, M.A., Nicholls, C.I. Agroecology and the emergence of a post COVID-19 agriculture. Agric Hum Values (2020). https://doi.org/10.1007/s10460-020-10043-7

Premio para un libro que promueve la conservación del suelo y del agua

La publicación “Manual de buenas prácticas de conservación del suelo y del agua en áreas de secano” fue galardonada por la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos con el premio GÆA al Mérito Geográfico por el aporte de información para la preservación de los recursos naturales. Fue editado por el Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua (PROSA) y por el INTA.

El manual tiene por objetivo describir las principales prácticas de manejo del suelo y del agua probadas exitosamente en sistemas de producción agrícola y ganadera. El libro está compuesto por dos tomos con 25 capítulos y más de 1000 páginas, redactadas por 206 especialistas y referentes de instituciones oficiales y privadas del país. Miembros del GIAASP participaron de la publicación en la redacción del Capítulo referido a la Provincia de Río Negro.

El manual describe 214 buenas prácticas recomendadas para las distintas ecorregiones y provincias del país.

“Esta obra demuestra que, en la Argentina, existen los conocimientos y las tecnologías disponibles para desarrollar una producción agropecuaria sustentable” fueron las palabras de Miguel Taboada –director del Instituto de Suelos del INTA–. Por otro lado, al recibir la notificación de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, Roberto Casas –director del PROSA y uno de los editores del libro– expresó “Estamos muy contentos con esta distinción (…) Esta obra pudo plasmarse gracias al compromiso, experticia y aporte desinteresado de los especialistas que, en los distintos rincones del país, trabajan en defensa de nuestros recursos naturales”.

Referencia

Cremona M.V., Enriquez A.S., Ayesa J.A., Siffredi G.L., Aramayo M.V., Izquierdo F.C. Velasco V. y Bran D. 2020. Capítulo: Provincia de Río Negro En: Manual de buenas prácticas de conservación del suelo y del agua en áreas de secano. Tomo I. Editores: Roberto Casas y Francisco Damiano

Los caminos del desarrollo sustentable

¿Qué opiniones se juegan en las discusiones sobre los caminos para un desarrollo sustentable en regiones pastoriles?

Extracto de: Easdale M.H., et al. (2020). Strains in sustanability debates: Traditional ecological knowledge and Western science through the lens of extension agents in a pastoral region. Rural Sociology 85(1): 57-84

Quienes participan en debates sobre los caminos para el desarrollo sustentable de una región coinciden en el potencial que tiene diseñar soluciones basadas en la integración del conocimiento ecológico tradicional (TEK), que poseen por ejemplo los productores, campesinos o familias rurales y los conocimientos científicos. El pastoralismo trashumante es una estrategia de vida adaptada a la variabilidad ambiental y temporal en muchas regiones montañosas y áridas de todo el mundo. Esta forma de sustento se basa en una lógica móvil, ya que las familias y sus rebaños intercalan momentos en los cuales se establecen en zonas bajas durante el invierno (denominadas invernadas), moviéndose a zonas de montaña para aprovechar los pastizales de altura durante el verano (denominadas veranadas).

Este sistema está cada vez más amenazado por los nuevos estilos de vida promovidos desde una mentalidad occidental (moderna y urbana) y por el cambio climático. El objetivo de este trabajo fue identificar y caracterizar las diferentes perspectivas o visiones de profesionales extensionistas y asesores sobre los problemas ambientales y sociales en una región pastoril y su asociación con la colaboración laboral entre ellos, enmarcados en una acción institucional. Abordamos la consulta sobre los puntos de vista con la metodología Q (ver Previte et al., 2007), y la relacionamos con problemas regionales, soluciones alternativas y vías de desarrollo futuras para el pastoreo trashumante y la gestión del paisaje en el noroeste de la Patagonia, Argentina.

Identificamos seis grupos de opinión sobre el tema: a) los Reivindicadores Culturales (o defensores de la actividad trashumante, sus conocimientos y preocupados por mejorar sus condiciones de vida y sus derechos), b) Conservadores Ambientales (o defensores del ambiente y preocupados por la degradación, ponderan las alternativas como la producción Silvopastoril), c) Mediadores (posiciones intermedias entre a y b), d) Pesimistas Apocalípticos (quienes consideran que no hay futuro para la actividad trashumante ni opciones para evitar la degradación), e) Progresistas Productivistas (promueven mejoras en la producción ganadera y en la asistencia del Estado), f) Optimistas de Mercado con Organización Social (valoran la existencia de oportunidades de mercado para productos ganaderos y promueven la organización social para aprovechar dichas oportunidades).

Figura 1: Red de colaboraciones laborales de los agentes de extensión rural en la zona

El análisis de la red de colaboración entre los agentes de extensión registró que las posturas mediadoras se ubicaron en posiciones centrales en la red de colaboraciones laborales, confirmando que tienden puentes para acercar posiciones. De todas maneras, las perspectivas más dominantes fueron las que enfatizan el conocimiento local (Reivindicadores Culturales) y el conocimiento científico (Conservadores Ambientales), aunque registraron una centralidad intermedia en la red. Si bien hubo consenso sobre la necesidad de buscar opciones de desarrollo sustentable en la región, el énfasis en la integración de conocimientos, como camino para dar respuestas a problemas en la región, todavía necesita soluciones convergentes.

Referencias

Previte, J., Pini, B. and Haslam‐McKenzie, F., 2007. Q methodology and rural research. Sociologia Ruralis47(2), pp.135-147.

Enlace para descargar el documento completo:

Los 10 elementos que definen a la agroecología y su evaluación

Pablo Tittonell

(Extraído de: Tittonell, P. 2020. Los 10 elementos que definen a la Agroecología y su evaluación. Actas del Ciclo de Charlas Agroecología: una cuestión de principios. INTA Bordenave. Instagram: intabordenave.agroecologia)

Históricamente, la agroecología ha sido definida a partir de una serie de “principios”. La necesidad de identificar tales principios surgió como una forma de diferenciar claramente al enfoque agroecológico de otros que le son más o menos cercanos, y con los cuales existen numerosas coincidencias y también discrepancias, tales como la agricultura[1] orgánica, la permacultura, la agricultura biodinámica, la agricultura de conservación, la agricultura regenerativa, entre otros. También, y más asiduamente, con la agricultura sostenible o los conceptos de sustentabilidad de los agroecosistemas.

El término agroecología, entendido como el estudio de la ecología de los ecosistemas cultivados y/o intervenidos por el humano para la producción, aparece por primera vez en la década del 1930. Luego aparece en los ´70 asociado a una forma de manejar al sistema productivo, principalmente a escala de la explotación agropecuaria y definido básicamente en términos de prácticas. En los ´80 surge el concepto de agroecología política, asociado al surgimiento de movimientos agroecológicos campesinos y/o a la adopción del término por movimientos y organizaciones sociales preexistentes, fuertemente ligadas a las reivindicaciones de la agricultura familiar. Para mayores detalles sobre esta perspectiva histórica consultar el informe del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo, el IIED, compilado por Laura Silici (2014).

Los textos “fundacionales” de lo que conocemos hoy como agroecología aparecen publicados mayormente durante la década del ’90, y dos de los principales exponentes de esta nueva agroecología, a la vez científica, práctica y política en las Américas hispana y anglosajona son Miguel Altieri y Steve Gliessman, ambos catedráticos de la Universidad de California. En sus primeras publicaciones, éstos autores definen a la agroecología como: “El uso de conceptos y principios ecológicos para el diseño y el manejo del agroecosistema”. Revisiones posteriores reemplazaron en la definición el término agroecosistema por el de sistema alimentario.

Los principios ecológicos a los que se referían estos autores en dichas publicaciones eran – si bien presentados con otras palabras – la diversidad, la eficiencia, la regulación natural, las sinergias y el reciclaje (Tittonell, 2014). Revisiones posteriores de la definición de la agroecología, llevadas adelante por éstos mismos autores y por otros, de escuelas más ligadas con las ciencias sociales, enfatizaron la necesidad de incluir principios sociales junto con los ecológicos para definir a la agroecología. Un grupo de la Universidad de Louven en Bélgica incluso publicó un artículo clarificando los principios socioeconómicos de la agroecología (Dumont et al., 2016).

En medio de estos debates, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, abre sus puertas a la agroecología por primera vez en su historia, bajo los auspicios del entonces Director General de la institución Graziano Da Silva (exministro de desarrollo agrario de Brasil durante el primer gobierno de Lula da Silva). En 2014 se organiza el primer simposio internacional de agroecología en la FAO – el autor de este escrito tuvo el honor de abrir el evento con una charla en conjunto con Steve Gliessman (Gliessman y Tittonell, 2015) – apoyado por una serie de países miembros de la FAO, especialmente Francia, pero boicoteado por otros países miembros, tales como Estados Unidos, Canadá, Argentina y Australia.

De los debates e intercambios que tuvieron lugar en aquel simposio, durante su preparación, y en discusiones regionales posteriores (en América Latina, Asia y África) surgió la necesidad de ampliar la definición de la agroecología para incluir a los diferentes aspectos asociados con ella. Se propuso evitar el uso del concepto de ´principios´ y adoptar en cambio la noción de “elementos” asociados a la agroecología. A los cinco elementos mencionados anteriormente se sumaron la co-creación y el intercambio de conocimientos, la resiliencia, los valores humanos y sociales, las culturas y tradiciones alimentarias, la economía circular y solidaria, y la gobernanza responsable.

Screen Shot 2020-04-21 at 11.40.02 AM

El reemplazo de principios por elementos surge en respuesta a que muchos de los principios sociales, tales como la equidad o la co-creación de conocimientos exceden ampliamente al agroecosistema y a la producción agropecuaria, operan a escalas mayores e incluyen una mayor diversidad de actores, vinculados más o menos fuertemente con el agroecosistema. Desde un punto de vista, epistemológico, la noción de elementos responde a una lógica difusa, otorga mayor flexibilidad y matices. Desde un punto de vista operativo, sin embargo, la noción de elementos puede dificultar la identificación y valuación de criterios de evaluación e indicadores.

En respuesta al desafío metodológico de poder utilizar los 10 elementos de la agroecología como criterios e indicadores para monitorear la transición agroecológica, la FAO convocó en octubre de 2018 a representantes de 80 organizaciones del mundo entero trabajando en agroecología, desde la práctica, la ciencia y los movimientos sociales, para diseñar de manera participativa un marco de evaluación para la transición agroecológica (TAPE – FAO 2019).  

El marco de evaluación TAPE responde a la necesidad de generar evidencia concreta acerca de dos preguntas básicas a las que nos enfrentamos con frecuencia en agroecología: (i) ¿cuántos productores agroecológicos hay en el mundo?, y (ii) ¿qué impacto tienen éstos en aspectos claves del desarrollo sostenible como las economías locales y nacionales, la generación de empleos, la conservación de la biodiversidad, la equidad social, la adaptación al cambio climático, la igualdad de oportunidades, etc.? El marco de evaluación de los 10 principios de la agroecología ha sido testeado por primera vez en 2019 en la región Patagonia norte (Argentina) sobre unos 70 casos, y está actualmente siendo testeado en varios países de la región, de Asia y de África.

Referencias

Dumont A.M., Vanloqueren G., Stassart P.M., Baret P.V. 2016. Clarifying the socioeconomic dimensions of agroecology: between principles and practices. Agroecology and Sustainable Food Systems 40(1), 24-47.

FAO, 2019. TAPE Tool for Agroecology Performance Evaluation 2019 – Process of development and guidelines for application. Test version. Rome

Gliessman, S., Tittonell, P., 2015. Agroecology for Food Security and Nutrition. Agroecology and Sustainable Food Systems 39, 131-133.

Tittonell, 2014. Ecological intensification – sustainable by nature. Current Opinion on Environmental Sustainability 8, 53–61

(1) Siguiendo la definición de la FAO, se entiende aquí por “agricultura” a todas las actividades relacionadas con la producción primaria animal y vegetal, exceptuando la pesca.

Herramientas para la enseñanza ecológica en nivel medio

Educando el presente para conquistar el futuro

Nada más acertado que apuntar al estrato más joven de la sociedad para conseguir un cambio de paradigma que derive en la sustentabilidad socio-ambiental. Para ello es clave apoyar a los docentes en el camino de la capacitación y transmisión de conceptos a veces complejos. Entendiendo esto, un grupo de profesionales de la Patagonia, pertenecientes a ocho instituciones comprometidas con la conservación de los recursos naturales, la investigación y la educación se lanzaron en el desafío de realizar un libro dirigido a educadores de nivel medio, abordando específicamente la disciplina de la Restauración Ecológica.

LA RESTAURACIÓN ECOLÓGICA COMO PROYECTO EDUCATIVO. APORTES TEÓRICOS Y LÍNEAS DE ACCIÓN. Editores: Miriam E. Gobbi y Alfonso Aguilar. Editorial: educo – Editorial de la Universidad Nacional del Comahue 2019.

Dos integrantes del IFAB (INTA-CONICET) y miembros del GIAASP, Dra. Andrea Enriquez e Ing. MSC. Victoria Cremona, apoyaron al proyecto contribuyendo con el Capítulo II: “El papel del suelo en la restauración de los ecosistemas“, basado en su experiencia en el campo de las ciencias del suelo, la restauración de los ecosistemas y la educación.

La dinámica de la vegetación no es lineal

Publicación reciente:

Easdale M.H., et al., 2019. Trend-cycles of vegetation dynamics as a tool for land degradation assessment and monitoring. Ecological Indicators 107, 105545.

La degradación de la tierra y la desertificación se encuentran entre los problemas ambientales más relevantes en la mayoría de las regiones áridas y semiáridas del mundo. Los sistemas de monitoreo están en el centro de la demanda para respaldar la toma de decisiones y para la evaluación del impacto de los programas de intervención, como los programas de Lucha contra la Desertificación de las Naciones Unidas. Las metodologías actuales para evaluar la degradación de la tierra están en permanente debate y los esfuerzos se orientan al desarrollo de herramientas operativas precisas dirigidas a grandes regiones, como pueden ser la Patagonia, el Monte o la Puna en Argentina. Sin embargo, todavía faltan enfoques rigurosos y sistemáticos para abordar la dinámica compleja de la productividad de los pastizales áridos y semiáridos.

La información satelital ofrece oportunidades para retornar al pasado a estudiar procesos ecológicos para los cuales no se registraron datos en tierra o fueron costosos de obtener. La degradación de la tierra generalmente se define como una disminución a largo plazo del funcionamiento del ecosistema y la pérdida de productividad causada por la interacción de las perturbaciones humanas y ambientales. Si bien es un proceso complejo, que debe involucrar la evaluación de diferentes dimensiones biofísicas, la pérdida de productividad se puede abordar analizando las tendencias de índices espectrales como el Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI, por sus siglas en inglés), un buen estimador de la actividad fotosintética de la vegetación. Sin embargo, la mayoría de los estudios hasta la fecha utilizan tendencias monotónicas o lineales para evaluar la degradación de la tierra. El punto es que las tendencias a largo plazo de la productividad de la vegetación pueden exhibir dinámicas unidireccionales (monotónicas), pero también cíclicas (no monotónicas), incluyendo oscilaciones que pueden durar varios años, las cuales no pueden ser capturadas por las tendencias lineales (ver Easdale et al. 2018).

La Tendencia Cíclica es una propuesta que hemos desarrollado para el análisis de series de tiempo de la productividad, que proporciona información sobre movimientos a largo plazo mientras incluye cambios cíclicos en la dirección subyacente a la serie. Evaluamos los ciclos de tendencia del NDVI en Patagonia (Argentina) como aproximación a la dinámica de la productividad de la vegetación, integrando la tendencia y los ciclos de mediano plazo (> 4 años). Utilizamos imágenes MODIS entre los años 2000 y mediados de 2018. Los resultados muestran que los ciclos de tendencia explicaron una porción significativa de la información temporal total (que alcanzó casi el 20%), de la cual la mayoría de los patrones se explicaron por un comportamiento no monotónico (o sea cíclico). Se identificaron cinco patrones principales en la dinámica de la vegetación: Decrecimiento (0,1% del área), Incremento (0,6%), Recuperación (48,8%), Recaída (36,8%) y Sin Tendencia-Cíclica (13,8%). Contrariamente a lo que generalmente se ve en la literatura, los patrones lineales y particularmente las tendencias decrecientes se registraron marginalmente en los últimos 18 años de registros de NDVI en la Patagonia. En cambio, la mayor proporción del área se clasificó como recuperación inicial o avanzada y patrones iniciales de recaída, que se refieren a las fases de un comportamiento cíclico. Estos resultados enfatizan la necesidad de revisar la conceptualización de la evaluación de la degradación de la tierra por medio del uso de información satelital, y en particular, revisar críticamente la capacidad de las tendencias lineales para reflejar la dinámica de la vegetación. Finalmente, proponemos el uso potencial de la Tendencia Cíclica como una herramienta para monitorear evaluar la dinámica de la vegetación en programas orientados a neutralizar la degradación de la tierra.